Friday, July 02, 2004

Moscas, Vomitadas y Gusanos.

Todavía me acuerdo de tí. Ayer encontré tu foto entre mis despojos informáticos, y me trajo muchos recuerdos. Nefasto espectáculo, un "memento" del útimo día que tuvimos comunicación. Los ojos, desfasados, una mirada absorta y un dedo sobre la boca, denostando cierto grado de ocio perpetuo. La cara llena de granos, imperfecta, despojada de todo lo que el maquillaje hubiera podido ocultar alguna vez. Las orejas llenas de cosas raras, que tú solías llamar "pirsings". El pelo presumiblemente mal pintado, producto de tantos tintes chafas y dejadez característica de todas y cada una de las cosas que haces. Dientes amarillos, marcados por el humo del cigarro, puntiagudos, gastados.

Y entonces me pregunto... ¿Cómo me pude haber fijado en tí?

Recuerdos, recuerdos, recuerdos... teníamos un excelente anfitríón. Siempre lo menospreciaste, por razones secundarias y estúpidas. Y yo, a pesar de todo, te consecuentaba pensando obtener una limosna de atención más de la ración diaria. Cubrí tus cochinadas, y algunas incluso las callo y no las escribo por mantener el pacto que (dada la situación) te prometí callar. Traté de ocultar, incluso, cuando tenías ganas de cagar y te cagaste en plena calle, en el porche de una casa. Cuando no quisiste estar ahí, cuando no quisiste verme ebrio, llorando, por todo lo que tú hiciste que se fuera a la mierda en un segundo. Incluso, recuerdo, en la última escena te dí un billete. Ese billete, el supuesto préstamo que te hice para que comieras una torta en algún restorán de quinta, fue mi pago por no volverte a ver jamás cerca de mi vida. Visto así, me saliste barata.

De todas formas no podía haber esperado otra cosa. De todas maneras, todo lo que había recibido de tí eran moscas, gusanos y vomitadas, olores fétidos y caricias tenues, olvidables entre litros de alcohol. No entiendo realmente qué era lo que encontraba maravilloso en todo eso. Aún es una etapa que siento estúpida, como muchas otras. En mi defensa, podría argumentarme como un defensor irrisorio de las causas perdidas como tú.

Aún así, me sentí feliz al final. Sí hubo final feliz, de cagarme de la risa cuando toda tu propiedad se fue al caño e hiciste quedar mal a la flota. De que no pasaste de ser un personaje digno de merecer una canción como "Self Esteem" ("...well i knew that she sleep with my friends, lalala...", así de común y corriente. De todo el mundo que según está en contra de tí, que no te entiende, que no te dejará crecer nunca, y del cual formo parte indisoluble a partir de aquella tarde. De escuchar tu voz por última vez en el teléfono, tratando de salvaguardar tu orgullo y quedarte en la línea como una niña caprichosa y malcriada que siempre cree tener la razón.

Ojalá haya alguien con el suficiente estómago como para aguantarte. Porque a pesar de todo, apuesto lo que sea a que a pesar de que lo niegues de dientes para afuera, me extrañas a veces. Y cuando quieres hacer un comentario pendejo, o hacer algo realmente fuera de lo común, abres la boca y te das cuenta que no tienes a nadie. Los recuerdos bonitos te los quedaste tú, que bueno, porque no los verás con tus ojos. Lo malo lo boté a la basura el mismo instante que te mandé a la verga.

Y sí, en el momento que leas esto, no importando el tiempo ni las circunstancias, sabrás que estoy hablando precisamente de tí.
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Si estás leyendo este blog, era porque de algún modo yo quería que tu lo leyeras.

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