Thursday, November 27, 2014

Una verdad sobre el decir mentiras.



Mentimos (más de lo que creemos) acerca de lo que queremos, porque creemos que eso nos hace abnegados (pero en realidad le arruinamos todo a todos por eso).

Vamos otra vez. Todos hemos nombrado a alguien alguna vez en la vida como un 'cretino'. Pregúntale a cualquiera cuál es la definición que tienen de 'cretino' y tendrás más o menos, la misma respuesta en todos lados: "Es una persona que no se preocupa por nadie más que por él mismo". No importa cómo exactamente esta conducta se manifieste --ya sea que sean agresivos, groseros o que se rehusen a trabajar en equipo hasta que las cosas sean como ellos quieren-- todo esto viene del mismo lugar. No les importa lo que nadie más quiera, o necesite. Las buenas noticias es que esto quiere decir que lo opuesto de un 'cretino' (o 'imbécil', 'cara de verga', 'zoquete' 'carever', etc, ustedes entienden el punto, no se hagan), es asumir una conducta muy simple: Únicamente, pospón tus propias creencias y necesidades a favor de la gente que está a tu alrededor. Lógicamente, entonces, la persona más perfecta y santa será quien haga esto todo el tiempo.

Y aún así, tener cerca a estas personas es una jodida pesadilla. Pon a más de una persona así en un grupo y todo se va al carajo a un alto total. Esto se llama 'La Paradoja Abilene', aunque yo la llamaré 'La Paradoja VIPS".

Funciona más o menos así: Es viernes por la noche, has terminado una semana que sin duda describirías a tus amigos (que medio escuchan) como la peor semana que le ha tocado vivir a un miembro de la raza humana desde Job. Procedes a buscar plan, buscas a tus amigos en la red social y para hacer las cosas más ágiles, haces un grupo de Whatsapp o FB a fin de que todos vean tu propuesta a base de alertas cada 3.5 segundos por parte de todos los miembros del grupo (claro, eres una persona molesta a veces, todos lo somos, no hay problema con eso).

Entonces, a la hora de hacer plan, alguien menciona que no ha comido aún. Tampoco tú, pensándolo bien, entonces todos están de acuerdo en que están con hambre y no vendría mal cenar algo. Hasta aquí bien. ¡Todo funciona como un engranaje excelentemente aceitado!

Pero entonces, preguntas qué lugar estaría bien. Haces esto porque te ahorra la pena de tener que hacer una sugerencia tú mismo (te preocupa más lo que decidan los demás, no tú mismo. No eres un cretino, entonces, piensas a tus adentros).

Entonces Hugo sugiere ir a cenar a VIPS. No es que se muera por ir a cenar ahí pero está cerca de todos en el grupo y no recuerda que nadie se quejó de ir la última vez. Él secretamente quiere ir por unos tacos, pero da por sentado que nadie más querrá ir y bueno, insistir en su preferencia, sería ser un cretino así que no lo hace. Él sólo sugiere esto porque piensa que es una sugerencia que hará a todo el grupo feliz y ya.

Paco dice 'pues yo estoy bien con eso'. Pero de hecho, tampoco quiere ir --los molletes no estaban bien gratinados la última vez que fue-- pero no quiere entrar en controversia con Hugo. Si Hugo quiere ir a VIPS, sólo un cretino podría contradecirlo e insistir con su verdadera preferencia (que también son tacos). En vez de eso, prefiere cederle a Hugo el chance de decidir a dónde ir, porque eso quiere decir que Hugo le debe una.

Entonces es cuando Luis agrega un tercer voto por ir a VIPS. Él detesta ese lugar, pero el prefiere un café a medio preparar a un incómodo debate o un silencio aún más incómodo. Después de todo, nadie disfrutaría su verdadera opción (ir a los tacos), si eso significa que dos de sus amigos estarían ahí incómodos todo el rato. Él no es un cretino, para nada.

Finalmente, todos te preguntan y bueno, pues ya no tienes opción, todos los demás han votado. No vas a hacer un Homero Simpson y ser el jurado en contra para insistir que todos están mal y que el cocinero se lastimó porque es muy torpe, no porque el sobrino del alcalde Diamante lo agredió al no saber pronunciar "sopa de cebolla", pero ya estoy divagando, porque lo que tú querías era realmente ir por unos tacos, con todo. En menos de lo que piensas esto, ya están todos en el VIPS. Una vez más.

Ésa es la paradoja: Todos quieren verse ante los demás como desinteresados y abnegados, pero esto quiere decir que tenemos que esconder nuestras propias preferencias y gustos a favor de lo que otra gente quiere. Porque eso requeriría saber cuál es su verdadera preferencia, su verdadero gusto, y no lo hacemos porque ellos también están ocultando lo que realmente quieren por la misma razón. Así que todos terminamos operando mentalmente en un esquema falso de asumir que sabemos lo que los demás quieren y todas las fiestas y reuniones terminan siendo un poco más miserables.

Este es el mismo juego estúpido que termina siendo la constante en todas las relaciones de grupo, desde los grandes negocios, hasta los proyectos de trabajo en la escuela, hasta en las relaciones de pareja ("¿Qué película vamos a ver?" "La que tú quieras, cualquiera por mí está bien, la que te haga feliz"). Vaya, incluso pede verse esto con los 'chavos buena onda' cuya estrategia romántica es acercarse a las mujeres y pretender que no están interesadas en ellas de manera romántica ("No puedo llegar y decirle que me gusta, como cualquier cretino lo haría").

Por supuesto, decir honestamente qué es lo que quieres no es lo que te hace un cretino --es la manera en la que reaccionas cuando no obtienes lo que quieres. De hecho, esconder lo que quieres para siempre de manera que parezca que estás perpetuamente haciendo sacrificios muy nobles, es la mayor cretinez de todas.

¿Qué opinan?

Sunday, November 23, 2014

El dilema del puercoespín.

OK, hagamos un ejercicio, rápido y fácil.

Piensa en la última vez que alguien te haya lastimado.

Y no, no cuenta el tipo que no te dio doble bolsa en el Oxxo, ya hablamos de eso ayer.

Quiero decir, alguien que te haya lastimado muy gacho. El tipo de herida que hace que no tengas otra opción más que volverte un ermitañ@, subsistir sólo de crema de maní y cerveza y -vamos a ser honestos aquí-, ponerte al tiro con algo de Adele. ¿Sabes qué? Mejor vamos a hacer de cuenta que eres Adele. Ahora, apostemos a que cualquiera que haya sido la jugada, llave o traición personal que te haya querer haber dicho "chingue a su madre la ciencia y prendamos fuego a la lluvia", no vino precisamente de un extraño. No. Para realmente lastimarte, tuvieron que haberte acercado a ti.

Para mis amigos psicólogos, pues Freud escribió sobre esto y seguro ya se lo saben; la intimidad, por definición, significa bajar tus defensas y hacerte vulnerable ante alguien. Pero una vez que dejaste abierto tu metafórico puerto de ventilación, sólo para ser torpedeado por el torpedo de fotones de la traición, juras que nunca, nunca, jamás dejarás que te suceda de nuevo. Y la única manera de que eso pase, es nunca dejar que nadie se vuelva a acercar.

Eso, mis queridos amigos, es el Dilema del Puercoespín.

Su nombre proviene de una historia del famoso mariquete, Arthur Schopenhauer, quien en su trabajo del siglo 19, Parerga y Paralipomena, escribió acerca de los puercoespines en el invierno. Cuando hace frío, se acercan para darse calor. Pero entre más cerca estén, lo más que se espinan y se pinchan, forzando su separación.

No necesito explicar cómo funciona a detalle, ¿o si? Seguro has sentido el frío de la soledad, pero también has disfrutado ese placer culposo y dulce, dulce alivio cuando tus amigos te cancelan un plan y te tienes que quedar en casa. Seguramente también has sentido, como todos, ese dejo de molestia cuando recibes un mensaje de texto (o peor aún, una visita inesperada) de un amigo y piensas "Ugh... ¿porqué chingada madres no me pueden dejar solo?".

Pero después de varios fines de semana (léase: Más de uno) bebiendo vino en cartón y viendo maratón de How i Met your Friends in the Game of Breaking Mad Sopranos o lo que sea que veas, empiezas a sentir la fría punzada de la soledad de nuevo. Los humanos somos animales sociales y la soledad es como tomarse una siesta, se siente muy bien cuando lo haces, pero si te quedas en ese estado mucho tiempo, eventualmente tendrán que llevarte al hospital y conectarte a máquinas para que sigas vivo. Entonces, quedas con tres opciones nada más:

A) Empezar a apartarte de la sociedad, más y más, hasta que tu aislamiento se convierta en ira. (también conocida como La Opción Unabomber).

B) Sigue el consejo de Schopenhauer, el cual era encontrar una sana distancia de todo el mundo, superficial pero inocua, para crear relaciones humanas que nos den un pequeño tantito de cercanía sin ningún peligro de salir lastimado y quedarte quietecito con tu iris. Llamaremos a esta opción, la Opción Facebook, porque observas a tus amigos desde una distancia. Si puedes, dirás unas cuantas palabras, unos lolz, tal vez les digas unas cuantas palabras de bien intencionada buena voluntad entre todas las fotos de desayunos, comidas y gatos que subas, antes de que regreses en santa paz a las maratones de How i Met your Friends in the Game of Breaking Mad Sopranos o lo que sea que veas, con la ilusión de que ese pequeño calor te distraerá del frío interno.

C) Sal allá afuera y vuelve a lastimarte, y acepta que TODAS las relaciones humanas son dolorosas a veces. Incluso una amistad casual ocasiona decepciones, pequeñas traiciones y la sensación de que no están dando lo mejor de sí para con tu persona. Algunos, se referirán nos referiremos a esta, como la Única Opción. No hay de otra.



Friday, November 21, 2014

El golpe del meñique del pie en el borde de la cama.

Algo de lo que nunca nos damos cuenta, es que debido a cómo funciona nuestro cerebro, estamos programados para que las inconveniencias menores nos afecten mucho más que las cosas importantes.

Internet es muy popular debido a que no existe ningún sentido de proporción o medición cuando de quejas se trata.

Una horrible violación a los derechos humanos podría no tener más que un par de 'likes' o retweets, pero si un videojuego popular tiene una falla menor, el programador puede ser objeto hasta de amenazas de muerte.

Esto no se debe (únicamente) a que el Internet esté lleno de trolls insanos, sino también a una falla muy básica en la que nuestros cerebros lidian con la decepción.

Pregúntate a ti mism@: ¿Qué te enojaría más... El cierre de tu cafetería o chelería favorita (ya sabes, la que hace el café/michelada exactamente como te gusta, se saben tu nombre y está muy cerca de tu casa u oficina), o perder uno de tus dedos? ¿La segunda, no? ¿Donde pierdes un PINCHE DEDO?

...

PUES NO.

Estadísticamente, es más probable que te ajustes a tu nueva realidad con nueve dedos (a Frodo no le parecía causar molestia), más rápidamente que tener que ir a otro lugar por tu frapelatte/micheclama-lo que sea.

La razón de ello, es que tu cerebro ha construido mecanismos muy efectivos para ayudarte a lidiar con la tragedia, pero no se activan hasta que la situación es necesariamente mala.

Así, que después de perder el dedo, tu mente generará todo tipo de procesos de pensamiento para ayudarte a racionalizar tu nueva situación lo antes posible ("Sí, es cierto, perdí un dedo, pero podría ser peor, pude haber perdido mi pierna, por ejemplo...").

Pero todos estos procesos vienen con un costo. Toman mucha concentración y energía, así que sólo surgen durante una emergencia verdadera, como un doctor que prescribiría Vicodin para el dolor de un dedo amputado pero no para una uña enterrada. Como resultado, la uña enterrada -la que se queda todo el tiempo-, al final resulta la que causa más dolor a la larga.

Esto significa que en tu vida diaria, las cosas insignificantes son las que te causan más dolor, angustia y molestia.

Bienvenido a la Paradoja de la Región Beta.

Para muchos de nosotros, esta es la mierda que arruina nuestras semanas, nuestros días.

Es el cajero culero que nos mira feo.

El amigo que no nos dio las gracias por el favor.

El sonido insistente que hace nuestro carro, sin importar cuántas veces lo llevamos al taller.

Nunca hacemos el trabajo pesado de racionalizar este tipo de cuestiones, porque pensamos que 'no es para tanto'.

En vez de ello, nos empeñamos en quejarnos de ello cuantas veces sea posible y con quien sea posible, y sentimos un atisbo de dolor y enojo cada vez que recordamos qué tan molesto es.

Algunos incluso van a seguir contando la anécdota del "empleado grosero" por meses, por años.

Pero esa no es la peor parte. Ahora, piensa en todas las veces en las que te ha tocado ser esa uña enterrada. Esa broma pesada que le jugaste a alguien en el 2009, y que hasta la fecha te sigue sacando a colación esa persona cada vez que se puede. "¿Porqué no pueden dejarlo ir? ¡No es para tanto!". Bueno, pues aplica lo mismo: Si hubiera sido una ofensa muy dura, hubieran tenido que hacer el extenuante trabajo mental de racionalizar el hecho y por ende, perdonarte. Como "no es para tanto", en vez de ello, van a seguir rumiando ese incidente hasta que de ser posible, lo puedan incluir en tu obituario.

Sunday, August 10, 2014

La sequía.



La inspiración tiene un adversario
se llama comodidad
no habrá buen espacio ni horario
que encienda creatividad.

El diablo se esconde en las esquinas
de la procastinación
desde el cerebro a las anginas
todo es indecisión.

No hay palabra certera, sentimiento honesto,
sólo tinta y pegamento;
No hay canciones, magia, sentimiento,
sólo resúmenes y periódicos viejos.

Todo debe acomodarse
en menos de cien caracteres,
sin lugar para expresarse
sin mencionar otros ayeres.

Una inspiración ya no es suficiente
cuando el tedio se hace presente
arden los ojos, rechinan los dientes
las palabras salen malas, deficientes.

Y en medio de la noche, al acabar las rutinas
salen las palabras, doradas, pristinas
pero el cuerpo no aguanta, la mente no responde
y las letras se quedan atoradas, en el picaporte.


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Wednesday, May 07, 2014

Y le dijo: "Buena Suerte y Hasta Luego".


Habían pasado doce días
con diez horas,
veinte minutos,
dieciocho segundos,
desde la noche
en que estuvieron juntos
por última vez.

Él sabía que el encuentro sería fortuito.
Ella sólo no quería estar sola.
Debían estar juntos, al menos un ratito,
Aunque no volviesen a decirse 'hola'.

Ella estaba en medio de un vendaval,
Él quería ser el faro que alumbra
Los dos tal vez estaban mal,
pero sanaron sus almas en la penumbra.

Él sabía que esto dolería eventualmente,
que ese increíble orgasmo
retumbaría después en su mente,
cuando navegara en el marasmo.

La mañana siguiente, se hizo más triste
Conforme pasaron más días,
Y en su alma se formó un quiste
de desamor, de melancolía.

Fue así como refugiado
Entre bourbon y Calamaro
Él encontró un resquicio
Para no volver al pasado.

Porque la moneda ya había caído
en el lado de la soledad,
justo antes de haberse lanzado,
Sabía que ella se había ido, incluso antes de empezar.