OK, hagamos un ejercicio, rápido y fácil.
Piensa en la última vez que alguien te haya lastimado.
Y no, no cuenta el tipo que no te dio doble bolsa en el Oxxo, ya hablamos de eso ayer.
Quiero decir, alguien que te haya lastimado muy gacho. El tipo de herida que hace que no tengas otra opción más que volverte un ermitañ@, subsistir sólo de crema de maní y cerveza y -vamos a ser honestos aquí-, ponerte al tiro con algo de Adele. ¿Sabes qué? Mejor vamos a hacer de cuenta que eres Adele. Ahora, apostemos a que cualquiera que haya sido la jugada, llave o traición personal que te haya querer haber dicho "chingue a su madre la ciencia y prendamos fuego a la lluvia", no vino precisamente de un extraño. No. Para realmente lastimarte, tuvieron que haberte acercado a ti.
Para mis amigos psicólogos, pues Freud escribió sobre esto y seguro ya se lo saben; la intimidad, por definición, significa bajar tus defensas y hacerte vulnerable ante alguien. Pero una vez que dejaste abierto tu metafórico puerto de ventilación, sólo para ser torpedeado por el torpedo de fotones de la traición, juras que nunca, nunca, jamás dejarás que te suceda de nuevo. Y la única manera de que eso pase, es nunca dejar que nadie se vuelva a acercar.
Eso, mis queridos amigos, es el Dilema del Puercoespín.
Su nombre proviene de una historia del famoso mariquete, Arthur Schopenhauer, quien en su trabajo del siglo 19, Parerga y Paralipomena, escribió acerca de los puercoespines en el invierno. Cuando hace frío, se acercan para darse calor. Pero entre más cerca estén, lo más que se espinan y se pinchan, forzando su separación.
No necesito explicar cómo funciona a detalle, ¿o si? Seguro has sentido el frío de la soledad, pero también has disfrutado ese placer culposo y dulce, dulce alivio cuando tus amigos te cancelan un plan y te tienes que quedar en casa. Seguramente también has sentido, como todos, ese dejo de molestia cuando recibes un mensaje de texto (o peor aún, una visita inesperada) de un amigo y piensas "Ugh... ¿porqué chingada madres no me pueden dejar solo?".
Pero después de varios fines de semana (léase: Más de uno) bebiendo vino en cartón y viendo maratón de How i Met your Friends in the Game of Breaking Mad Sopranos o lo que sea que veas, empiezas a sentir la fría punzada de la soledad de nuevo. Los humanos somos animales sociales y la soledad es como tomarse una siesta, se siente muy bien cuando lo haces, pero si te quedas en ese estado mucho tiempo, eventualmente tendrán que llevarte al hospital y conectarte a máquinas para que sigas vivo. Entonces, quedas con tres opciones nada más:
A) Empezar a apartarte de la sociedad, más y más, hasta que tu aislamiento se convierta en ira. (también conocida como La Opción Unabomber).
B) Sigue el consejo de Schopenhauer, el cual era encontrar una sana distancia de todo el mundo, superficial pero inocua, para crear relaciones humanas que nos den un pequeño tantito de cercanía sin ningún peligro de salir lastimado y quedarte quietecito con tu iris. Llamaremos a esta opción, la Opción Facebook, porque observas a tus amigos desde una distancia. Si puedes, dirás unas cuantas palabras, unos lolz, tal vez les digas unas cuantas palabras de bien intencionada buena voluntad entre todas las fotos de desayunos, comidas y gatos que subas, antes de que regreses en santa paz a las maratones de How i Met your Friends in the Game of Breaking Mad Sopranos o lo que sea que veas, con la ilusión de que ese pequeño calor te distraerá del frío interno.
C) Sal allá afuera y vuelve a lastimarte, y acepta que TODAS las relaciones humanas son dolorosas a veces. Incluso una amistad casual ocasiona decepciones, pequeñas traiciones y la sensación de que no están dando lo mejor de sí para con tu persona. Algunos, se referirán nos referiremos a esta, como la Única Opción. No hay de otra.
No comments:
Post a Comment