Ayer, en la televisión, ví algo repugnante. Salía Tere Coss, la mamá de la familia masacrada por el ahora conocido Asesino de Cumbres.
Nada más asqueroso, con grado de bajeza y mal gusto incluído, que usar el dolor de una madre para una nota periodística.
Ahí estaba mi señora madre viendo eso, interrumpiendo cualquier conversación posible, aunque eso se tratase de un viaje que iba a hacer.
"Pérate, que está hablando la mamá de los que mataron en Monterrey", me decía, mientras la desdichada mujer, con lágrimas en los ojos, narraba en la televisión la triste historia, desde su perspectiva de madre.
Dijo muchas cosas, que lo veía como un prospecto de matrimonio, que él era un muchacho normal, que quería mucho a su hija.
Pero toda su dramática verborrea (que es válida pero no exhibible) se reduce a una sóla frase: "Lo que pasó esa noche (del asesinato) sólo lo saben bien Diego y Erika".
Es cierto, ellos sólo saben qué clase de sentimiento podría llevar a un chico aparentemente normal, a cometer un acto sádico, irracional, digna de una película serie b.
Tal vez, el chico estaba enamorado y se le pasó de la mano su acto emo-telenovelesco.
Tal vez, a las familias de los dos chicos, de relativo abolengo en Nuevo León, les valía pito como seguían los chicos su relación enfermiza, debajo de la mesa, de las sábanas.
Tal vez, el papá solapador-paga-fianzas-no-sé-porqué-se-le-ocurrió-eso tenga culpa de todo, al cometer el error que muchos clasemedieros altos realizan: Arreglar cualquier desaveniencia con billete.
O el peso de que la mamá de la chica, reconocida conductora de allá, llore en exclusiva para Televisa forme parte de una agenda informativa que pasó a ser, digámoslo, barata.
Tal como Javier Alatorre, el Pedro Infante de la noticia, López Dóriga se pule a veces sentenciando, con su voz soporífera, cuánto vale verga el mundo, pero en un lenguaje de encabezados.
El trasfondo del asunto, de que los morros que vienen detrás de nosotros (y quienes forman parte de una dudosa seudo-cultura que pretende surgir) tienen más mierda en la cabeza, nadie lo toca.
Ni se lo preguntan, ni lo cuestionan.
Y como este chico, hay muchos más. Yo conozco a un par de mocosos dizque emo-RBD que deberían, al menos, tomar dos frascos de Prozac a la semana.
Decir que una persona no bebe, no fuma y no toma drogas, no quiere decir que sea una mejor persona que sí lo hace. ¿Capisce?
Su nuevo vicio, nuestro nuevo vicio, el de los que estamos y los que vienen, es la unicidad, la individualidad, la soledad.
Thursday, March 16, 2006
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