Tuesday, August 05, 2008

Diario de Pedro Zúñiga, famoso y connotado escritor.

Julio 25, 2003


De entrada a la ciudad puedo ver un gran puente que pasa sobre un cuerpo lacustre y negro que ostenta el nada honroso título de "el río más contaminado de Centroamérica". El ambiente es mitad pasmoso, mitad lúgubre, una pizca deprimente; el cielo grisáceo no aporta en nada a sentir una bienvenida cálida, mucho menos la música norteña que suena en el radio AM del autobús donde hago mi arribo a esta ciudad. Odio la música norteña. Es lo peor que le pudo pasar a mi país, es el mal gusto digerido en ondas radiales y vomitado a través de las bocinas. La gente lo consume como en los ranchos los animales comen lechugas podridas con una voracidad insaciable.


En mi arribo veo que todas las calles son exactamente iguales. Diviso también el letrero en la terminal de autobuses:



BIENVENIDOS A COATZACOALCOS. Atentamente: Dirección Municipal de Turismo.



En mi llegada no hay comité de recepción, ni nada parecido. Creo que alguna vez escuché cómo Jairo Calixto Albarrán decía que el escritor debe ser una especie de rock star en la actitud, esa frase se me quedó muy pegada así que la aplico cada que puedo, pese a que la gente muchas veces note raro que viva anotando en una libretita todo lo que veo. Creen a veces que soy un esquizofrénico, otras más creen que simplemente soy un espía del Cisen, o algo así. Parto para tomar el lugar donde me quedaré a vivir, anoto el número del taxi: 1978. El año en que yo nací, puede ser parte de un complot cabalístico o pura coincidencia, pero si no creyera en las coincidencias entonces mi oficio sería más mecánico o aburrido, como contador público o ingeniero hidráulico. Algo sin trascendencia. El taxista me intenta hacer conversación, vamos oyendo "Lambada" de Kaoma pero le baja al estereo. Sólo por eso le voy a hacer plática:


-¿Y a qué viene por acá joven? Usted se ve que no es de aquí.
-Ah, pues hay una bienal de escritores jóvenes en este puerto y yo vengo a presentar mi nueva obra, se llama El Dilema de Werther.
-Ah, harto interesante, a mí nunca se me dio eso de la 'escribida', digo, lo intenté en un rato pero nunca me salió así que digamos, bien. Prefiero no complicarme, pero también me ilustro: Me gusta mucho Carlos Cuahutémoc Sánchez y antes leía a J.J. Benítez, pero lo mío son las revistas de acción, tipo El Libro Policiaco. Pero eso supongo que a usted le aburriría.
(Silencio incómodo. El taxista notó mi indiferencia y trata de cambiar el tema drásticamente para atraer mi atención).
-¿Sabe, joven? Esta ciudad tiene por nombre "La cuna de las serpientes", pero luego le cambiaron a "La ciudad de las Serpientes". Viene de Cóatl, el nombre que usaban nuestros ancestros para--
-Si, para esos animales. Oiga, ¿qué hay de interesante por aquí?
-Pues algunas cosas joven. Está el paseo, las 500, la playita, pero no se puede meter uno, está prohibido. Si se mete es por su priopio riesgo.
-Ah.
(Querría decir "bajo su propio riesgo").
-Pero aquí básicamente la gente bebe mucho. En el bulevar, siempre encontrará gente interesante. Pero tenga cuidado, viene mucha gente de rancherías cercanas, traen armas. Aquí hay mucho dinero pero también hay mucha ignorancia. El petróleo, ya ve, lo que deja.


Finalmente llegamos a donde le indiqué. Un edificio algo raro, donde cohabitaban una bisutería, una tienda de mariscos, una radiodifusora y una vulcanizadora distribuidas en varios pisos. Hasta arriba vivía mi amigo Héctor, que le decíamos La Calaca. Tenía como mucho tiempo que no lo veía, hasta antes de salir de la facultad, pero él sólo estuvo un par de semestres. Luego se salió y agarró su camino, regresó a su ciudad natal mientras todos seguimos estudiando en la UNAM en el Distrito Federal. Ahora él vive de sus rentas, pues el edificio era de su familia y con el dinero que gana pues no le es necesario trabajar.

Al llegar el muy cabrón me recibe con una mentada de madre:

-Que onda, ¿ya se le quitó lo puto o quiere que le agarre un huevito?
-Jaja, eres el único del que aguantaría esa plática...
-Sigue igual de mamón que siempre, Zúñiga... Ya no sea puto y déme un abrazo.
Él siempre tuvo esa manera de hablar, tan hosca que causaba familiaridad. Siempre lo vimos como un desmadre total, pero no sabía a qué grado, porque siempre nos advirtió que el tiempo que nosotros estuviéramos en su ciudad natal nos iba a traer de tanto desmadre que no lo íbamos a aguantar. Siempre creímos que alardeaba.


Llegamos a lo que sería mi habitación: Un cuarto lleno de cómics y revistas viejas, y una colchoneta roída en el fondo, con dos botellas de Reyes en una cubeta llena de hielos. Como buen fanático de cómics que soy, no podía pasar desapercibido que tenía la primera edición de "Sin City", de Frank Miller; "The Spirit" de Will Eisner; el "Born Again" de Daredevil o la edición de lujo de Crisis en las Tierras Infinitas. Sin embargo, todos tenían agujeros, quemaduras de cigarros o el papel estaba mojado y roto. Un verdadero desperdicio y una verdadera lástima.


En la colchoneta había una morenita, delgadita, vestida con una pequeña blusa que le dejaba ver parte de los senos y un short diminuto. Se veía cansada.
Antes de preguntar cualquier cosa, La Calaca me dice:


-Es una morrita que trajo mi hermano pero el muy cabrón no se la llevó. Lleva como dos días aquí, no se quiere ir pero como no hace mucho escándalo pues dejé que se quedara. ¿Te ofrezco algo? Vamos a echar unas cervezas o unos tragos, tú decides, yo te acompaño porque no tomo ahora.
Yo habitualmente no tomaba, porque estaba dedicado a mi trabajo al 100 por ciento, como un profesional de las letras, pero esta vez me serví licor y La Calaca tomó refresco simple, pues pensé, estaba enfermo del estómago. En nuestros años universitarios siempre tuvo la de la carrera larga. Aguantaba más que nadie, dicen que un día que hizo su fiesta de despedida, duró más de cinco días bebiendo sin chistar antes de que la última persona se pudiera mantener de pie. Platicamos acerca de todo un poco: Sus proyectos, mis premios, recuerdos, gente que abandonó la universidad, a quién le salió panza, quién anda manejando un taxi en Taxqueña y quién ahora se metió como locutor con un sueldo paupérrimo, por ejemplo. En un momento de la noche, me preguntó:


-¿Y qué mierdas me dijiste que querías venir a hacer aquí?
-Ah, pues a presentar el adelanto de mi nueva obra, El Dilema de Werther, en la XII Bienal Centroamericana de Literatos y Escritores del Caribe, que empieza pasado mañana.
-Ah. ¿Y esa madre qué?
-Pues es un ensayo sobre los sentimientos del personaje de Goethe, pero visto desde un proceso interior más que un desarrollo epistolar; básicamente es la interpetación de un autor hacia otra visión ya elaborada, añadiendo elementos de dramatismo y sensiblidad del personaje hacia la situación de injusticia que vive, un amor nunca realizado.
-Pues yo creo que lo que escriben ustedes es pura mamada.
(Se armó un silencio incómodo antes de que me respondiera con una risa bien sonora. Yo me sentí primero algo mareado y cai en cuenta que había bebido demasiado).
-Ya me voy a dormir, loco...
-No no, no, no , no seas putito, son apenas las 4:30, aguanta más.
-No, neta, cabrón, es que mañana d-d-ddebo de r-r-registrarme y es algo temprano...
-Bueno pos ahí acuéstate con la morra, nos vemos mañanón.
La Calaca cerró la puerta y me dejó solo con la chica. Durante lo que quedaba de la noche, su respiración y su movimiento cuando me rozaba con sus piernas desnudas, despertó algo en mí e intenté tocarla por debajo de la blusita.


Visiblemente somnolienta, me respondió con los ojos entreabiertos:
-Ahora no, Martín.


Se volvió a dormir, pero para ese entonces yo era un animal borracho que ansiaba la lujuria, así que intenté ver si de nuevo había respuesta y mi aliento alcohólico sumado a los torpes movimientos que traía terminaron por despertarla.



Se volteó y no dejó que la manoseara. En un acto de venganza tácita, no dejó de molestarme toda la noche con preguntas estúpidas y datos intrascendentes sobre su vida.
-¿De dónde eres? ¿Cómo te llamas? ¿Porqué traes una barba tan asquerosa? ¿Qué haces aquí? ¿Qué querías hacer conmigo? Yo soy de una ranchería de aquí cerquita, como a dos horas, mis papás no preguntan por mí porque saben que mis amigos me cuidan. No me quedé aquí dos días, llevo seis. No sé donde dejé el resto de mi ropa. Ya mañana me voy porque voy a concursar para la reina de las fiestas del mamey en mi ranchería, seguro gano. Ven, vamos a beber más. Cómo de que no, yo te sirvo, vente chiquito. No sé porqué te llamé Martín, tal vez te confundí con el amigo de un amigo. No parece que esté muy chiquita, ¿o sí?.

Y así, durante las próximas tres horas.


Julio 26, 2003


Finalmente se cansó de preguntar y me dejó dormir. Me levanté muy tarde, porque debía estar en el auditorio de la Universidad del Sureste a las 11 de la mañana para el proceso de registro y así justificar mis viáticos, pero la muy hija de puta no me dejó dormir bien así que a las 12 del día, estaba ahí, crudo, solo y con la puerta bajo llave, su pinche venganza. Traté de tirar la puerta a patadas, pero hubiera sido un pésimo huésped cuando La Calaca había sido tan bueno conmigo. Además pensé que él escucharía mis reclamos porque su cuarto estaba justo arriba del mío.
Pasó una hora y nada. Me comencé a deseperar pero mi impaciencia se convirtió en ganas de orinar. En un momento de la noche, La Calaca me había dicho que podía migitar en la cubeta donde estaban las botellas de Reyes, pero me dio mucho asco. La culera me dejó sólo la ventana abierta, pero tratar de bajar desde un cuarto piso hacia una avenida llena de camiones no era una opción. Como pude, pues caminé en la cornisa y oriné en un ducto pluvial. Al regresar de esta extraña experiencia, la puerta estaba abierta y mi anfitrión estaba ahí parado.
-Ah, cabrón, ya viste cómo usar el otro baño. Bueno, tuve que salir, pero no recordaba a qué horas tenías que estar allá. Ven, te llevo.
-Eh... no hay problema -respondí.


Pues nada, me llevó hasta el auditorio de la U del S al filo de las dos de la tarde. Llegué de panzazo, porque las inscripciones de la bienal ya estaban por cerrar. Me recibieron, de todas maneras, aunque les extrañó verme tan maltrecho.


-Su firma y su nombre aquí, el tema de su exposición acá y ya quedamos.
-Ok, firma... obra...
Había recordado en ese momento que mi manuscrito no lo portaba conmigo. Sentí algo de inquietud. Siempre fui un tipo que se desesperaba por todo, desde que dejé la puerta abierta de mi casa a los 10 años y se metieron a robar, siempre checaba todo dos veces, o en caso de ser necesario, tres, cuatro y hasta cinco. Llegaba "N" número de veces a ver si había cerrado la llave del agua. Fui a un psicólogo una temporada por esa manía. Y ahora, entre mi cruda incipiente y mi enojo, pues sentí una sensación de descontrol horrenda, que se apoderaba de mí entre las ramas de mis venas, una luz oscura que me inquietaba y me desesperaba mientras terminaba de firmar mi formulario y pensaba en el papelón que pasaría haciendo el ridículo al presentar una obra que no existe. Sería el hazmerreir de toda la comunidad literaria, saldría en la parte más crítica de La Jornada, de La Mosca en la Pared, de Replicante, de cualquier revista cultural, cultorosa y cultureable. "!Oh, adalides de la literatura, no dejen caerme en desgracia!"


Afortunadamente mi primera obra, "El perro que quería ser mono", tuvo suficientes buenas críticas como para salvar mi trasero esta vez. Pero en cuanto salí de ahí le pedí desesperadamente a Calaca que me llevara a su casa para ver dónde carajos lo había llevado.


Como la ley de Murphy lo dicta, pues no estaba ahí. Tampoco debajo de la cama, ni entre mis pertenencias. Esa maldita perra, pensé, me robó mi fama y tal vez quiera hacer dinero a mis expensas. Pero no, porque en realidad ella ni siquiera sabía que yo era escritor, ¿de qué le servían unas líneas de prosas impresas a 12 puntos en Arial, más que para ella misma?
No importaba ya la explicación. Estaba jodido y tenía que salir de ahí en tanto pudiera para tratar de pensar en una solución. Sólo 36 horas para la conferencia, la puta conferencia. Olvídome desde ya de conocer a los autores que venía a ver. Ni la exposición de los caricaturistas. Ni el café con Romina Fanin, esa literata que me intenté ligar en Taxco. Nada. Ahora tenía que escribir, pedir disculpas o adquirir una diarrea.
La Calaca, con su gesto adusto y facciones huesudas, veía mi predicamento y propuso una solución bastante nihilista:
-Tú te ves estresado maistro. Lo que vamos a hacer, es que te voy a llevar de paseo por la ciudad, vamos a jalar con amigos, se te va a olvidar esta chingadera y vas a soltarte mañana para decirle a la gente de qué trata tu obra. Es así como le hacía yo para mis tareas.


Si había algo que debía reconocerle a ese cabrón era que podía hacer absolutamente todas las tareas sin siquiera escribir ni jota. Parecía saber todo de memoria y era el mejor de la clase, claro que lo recuerdo, ninguno superó la racha de calificaciones positivas que logró. Finalmente un día dejó de ir a la escuela sin decir nada y se vino para Coatzacoalcos. Así que lo mejor que podía hacer era adaptarme a su método y en el menos peor de los casos, no sentir la vergüenza de la humillación.


Acepté su trato. Lo primero, me llevó por un coctel de camarones ahí enfrente de su casa. Eran las 5:00 de la tarde. Más tarde, estábamos bebiendo micheladas en el bulevar coatzacoalqueño, como si la vida no nos pasara. Me entró una duda:
-¿Y cuál es el plan?
-No hay plan Pedrito, no hay plan. Tú nomás disfruta, te estresas tanto que no disfrutas nada. Ahorita vamos a conocer unas personas bien alivianadas.
Me llevó a pasear por el bulevar. Algunas de las partes de esta ciudad me hacen pensar que ahí hubo una guerra, es una lucha constante entre la opulencia y la miseria, casas mal distribuidas, derruidas y abandonadas junto a otras mansiones con fuentes y todos los servicios. A toda hora las tiendas de la costa, llenas de muchachos, menores de edad y adolescentes comprando todo tipo de bebidas exóticas que sólo cambian de nombre de sitio en sitio. Secretamente, pensé que siempre hubiera deseado tomar un par de años sabáticos para tratar de conocer ese tipo de diversión, aunque las presiones de mi carrera me orillaron a una vida de disciplina.


Parece un carnaval, incluso hay gente que se agarra a patadas mientras una pareja come una hamburguesa tranquilamente junto al lugar de la gresca. Aquí la violencia es tácita, no es tan escandalosa como en el lugar de donde vengo. El ambiente contaminado es nocivo y eso me hace pensar que la gente es extraña para mí, también me es extraño ver tantos edificios abandonados pero nunca se me da la oportunidad para preguntar.
Antes que lo pensara, Calaca me empezó a contar algo.
-Te tengo que decir, yo en los fines de semana apoyo en servicios en Alcohólicos Anónimos. Una vez, cuando regresé acá, pues me volví adicto a la cocaína pero bien gacho. Me gustaba la base, el sabor de la piedrita derritiéndose en tu boca era delicioso. Me gastaba 300, 500 pesos en mi vicio. Era bien sabroso y lo hacía solo o con gente. Luego entré al pedo, y por eso ya no bebo. No bebía hasta que llegué al DF. Pero no es malo, simplemente que no lo puedo controlar, no critico a quien lo hace, parte de lo que enseño es que nosotros somos dueños de nuestros demonios antes que los demonios nos dominan a nosotros.


El automóvil iba siguiendo su marcha. Abandonamos el bulevar. Me volvía a sentir un poco ebrio y por eso no podía decirle algo coherente. Él siguió su plática, me parece que la hubiera continuado de todos modos aunque yo no hubiera estado ahí:


-El día que la dejé, bueno, me dejó a mí. Yo tenía una chamaca. Me gustaba cogérmela. Era jovencita, así blandita, suavecita, con sus tetitas chiquititas. Bueno, pues un día me la llevé a pasear. Me la cogí en este vocho en el que estamos. En el asiento donde estás sentado. Entonces la dejé en casa de una amiga. Tenía que regresar por ella en dos horas. Y me fui por unas piedritas, y otras, luego más y así. Cuando recuperé la conciencia, estaba sin ropa en una playa, allá por Acayucan. Me sentía así, mal, descontrolado. Como un animal que dejas mucho tiempo sin comer. No sabía que le pasó a mi carro, nada. Qué pasó con mi vida, nada. Sólo pensaba en ese momento que cerca de ahí habían unas chamaquitas, vendiendo pescado. Yo pensé por un momento que podía meterme a su casa y... bueno, ahí fue donde yo me vi desde afuera y había caído muy bajo. Muy bajo. Lo dejé y comencé a ayudar a la gente a salir. Ahora no puedo dejar de fumar. Fumo más de tres cajetillas diarias. Pero es una cosa por la otra, de todas formas algo nos debe chingar.


Antes de que yo pudiera interrumpir su monólogo y preguntarle algo, llegamos a la casa de Manolín. Era primo de Héctor y vivía en una casa con sus amigos y su mamá. La casa estaba bastante descuidada, ellos estaban sentados en el saguán bebiendo caña, alrededor de una guitarra.
La casa por dentro era un desastre. Latas de cerveza tiradas por todos lados. Todo tipo de artefactos para fumar cualquier tipo de droga. Posters de automóviles y una figurita de San Judas Tadeo, que luego me enteré, era de la mamá. Fui bienvenido y me ofrecieron cerveza, droga no porque no me gusta.
Después de siete latas, sentía que los conocía mejor. Uno de ellos era un hippie que la mamá, Licha, adoptó cuando lo conoció tocando en un camión. La meta de Robert (así decía que se llamaba) era llegar al Chopo y grabar un disco ahí. No sabía que se podía pero no quise contradecirlo, se veían como una familia disfuncional muy feliz.
Héctor me presentó.


-Él es Pedro Zúñiga, es un cuate y viene a lo de la Universidad del Sureste.
Manolín me saludó.
-Ahm, no conocemos muchos escritores, más que al Calaco. Deberías leer lo que hace, bueno, está cabrón porque él lo quemó todo cuando lo dejó su--
Calaco le asestó un golpe en el vientre que le sacó el aire. Intervino la mamá Licha, quien me invitó unas copas y me preguntó si sabía cantar. Pues, con el bohemio, los siete amigos cantamos un rato de Joaquín Sabina, en especial "17 días y 500 noches", así como "La Célula Que Explota" de Caifanes, una de las clásicas rolas de borrachera eterna.
Pese a que estaba divirtiéndome, me sentía decadente. Pasamos como ocho horas ahí. Tocando guitarra, charlando y recibiendo los coqueteos de la novia de Manolín, Abril. Creía que era muy chica para mí, pero tanto alcohol y mi falta de costumbre pues hizo que finalmente me la llevara a un cuarto.


No sé en qué momento me sacaron a patadas, todos parecían una jauría de perros sobre mí, incluso Abril me estaba tildando de puto y pendejo (dos cosas muy diferentes). No sé qué fue lo que le hice, pero creo que su novio abrió la puerta o uno de sus amigos lo hizo, o la segunda es que los gemidos de la mujer llegaron hasta la ventana de junto (donde estaban todos reunidos) en una pésima idea para un lugar para coger. De todas formas, estaba totalmente jodido.
Después de unas cuantas putizas, Calaca intercedió por mí y se llevó lo que quedaba de este remedo de escritor a su automóvil. Les pidió disculpas a los asistentes y me llevó como fardo a su casa de nuevo.


Julio 27, 2003


En el camino a casa, en vez de regañarme, él comenzó a contarme otro monólogo bastante perturbador. Yo me sentía como un idiota tratando de anotar todo en una libreta, sin hablar mucho ya.


-Te voy a decir algo. Muchas veces nosotros tenemos un problema y nunca lo decimos, pero eso se hace como un cáncer dentro de nosotros. Todos tenemos que desbloquear cosas que nos pasaron de pequeños y a mí también me pasó. Lo aprendí rápido en la clínica de desintoxicación, es como empezar a desamarrar nudos y comienzan a aclararse recuerdos que tú no recuerdas que pasan pero pasan. Por ejemplo, el Calaca es bien chido, pero no saben que es puto. No soy puto, es un ejemplo que te digo para que entiendas. Pero sí, sí tuve una experiencia que inició todo pero yo lo bloqueé. Tenía seis años y uno de mis tíos estaba bañándome, mis papás estaban fuera. Entonces él me ayudaba, me enjabonaba y me toqueteó. No dije nada. Pues me quedé callado, no sabía que era eso, si se sentía bonito, si se sentía feo, pues a esa edad cómo lo sabes. No lo volvió a hacer, yo creo que el sintió curiosidad de juguetear con un pito y lo hizo con el mío. El problema es que borré esa etapa de mi vida y luego me hizo daño reprimirla a través de mi adicción. Hoy lo he perdonado, porque ya se murió, pero de todos modos lo hubiera hecho porque pues era otra época y donde estoy te enseñan a ser uno contigo mismo.

Entre el relato, el dolor de los golpes y el alcohol, vomité como nunca había vomitado en mi perra vida. El coctel, las cervezas, el pedazo de carne asada maltrecho y el sandwich nefasto que comí en la terminal de autobuses antes de llegar aquí, afuera. Al sacar el alcohol de mi sangre de una manera tan grotesca, me invadió una zozobra horrible, una cruda física y moral que nunca voy a olvidar.
Para tratar de aminarla, Calaca me llevó a cenar a la mejor taquería de la ciudad. Estaba ahí cerca del río, siempre estaba llena y era atendida por un señor con muy mala actitud.
-Dicen que es la mejor carne de la ciudad, pero la leyenda urbana dice que es carne de otro animal -afirma mi amigo-.


En las paredes del local distingo el famoso cuadro de los perros jugando póquer de Cassius Marcellus. En otra pared, un retrato de un fox-terrier. En otra más un close-up de un doverman. Antes de ver la siguiente, llegaron los tacos. Jodidamente sabrosos, juro que nunca había probado algo así.
Finalmente regresamos a casa. Tanta dosis de realidad me tenía estupefacto. Estaba acostumbrado a los ambientes controlados, donde yo pudiera ser una celebridad en línea desde mi blog, desde mi pedacito de papel en un pasquín local o de circulación nacional limitada. Tanta vida de crooner no era para mí, odiaba a quienes se proferían émulos del hijo de puta de Bukowski y ahora con más razón me orino en las 42 flores del mal de Baudelaire.
Como una revelación, sobre la colchoneta estaba el manuscrito de mi obra. Calaco se fue a dormir al piso de arriba, yo me quedé un rato analizando el texto para llegar con toda la compostura a recitarlo mañana y así salir del compromiso, me sentía emocionalmente y creativamente desgastado.
Comencé a leer.


El dilema de Werther.
El amor no realizado del protagonista nos demuestra un reflejo vivo de nuestra sociedad moderna, vista en el encapsulamiento y el ensimismamiento que muchas veces termina con el suicidio o la frustración de sueños no realizados. Analicemos, por ejemplo, el primer axioma que se presenta en esta obra literaria, que---


Dejé de leer. Esa era la mierda más aburrida que había leído en mi puta vida. Ni mi escrito sobre la supuesta humanidad que reside en los perros era tan infame.


Sin pensarlo, agarré el texto que me costó cuatro meses hacer y en un arranque de ira, lo hice rollito y lo deposité en el conducto pluvial por donde había orinado la mañana de ayer. Eran las 2:30 de la mañana y sentía una catarsis en mi estómago. Tantos días de ensimismamiento terminaron con la emancipación que significaba destruir un ensayo deprimente sobre un autor alemán deprimente. En realidad a quienes les interesara ese tipo de ensayos merecían una patada en la nuca, pensé.
Me fui a dormir.


Desperté a las 8:00 de la mañana. Como nuevo. A las 10:00 llegué a la bienal. Ahí estaba Romina, se veía apática como siempre. Ya no me importó invitarla a salir, pero como no le importó decirme que no una vez más, pues no me importó mandarla al carajo. Ahí terminaba una amistad fincada en el interés y la adulación mutua, disfrazada de pláticas pseudo intelectualoides que coseché durante ocho meses con ella.
Era la hora de mi conferencia y no sabía una chingada sobre lo que iba a exponer. Tomé el micrófono y di el discurso más breve de mi vida:


-Buenos días, jóvenes, estudiantes de las carreras de Literatura, Comunicación, Publicidad, afines, damas, caballeros. Se me acabó el saludo, tengo que empezar con esto. El motivo de esta conferencia era dilucidar sobre las connotaciones socio-psicológicas del personaje de Werther, pero en realidad ya no los quise aburrir. En vez de eso, prefiero hacer un anuncio que hará de este un festival memorable. Me retiro de la carrera literaria, para emprender un viaje de búsqueda y autosuperación. No pretendo emular a Hemingway, no, pero la próxima vez que escriba algo será de mi interés y no para forjar el personaje mamón y pretencioso que he intentado armar desde que salí de la licenciatura en Letras. Durante años traté de ser alguien que no soy, y en menos de dos días esta ciudad horrenda y un amigo demasiado sincero me han abierto los ojos de que nunca salgo a la vida exterior. Si hay más tiempo que vida, entonces el tiempo me dará la razón. Muchas gracias y hasta luego.
Toda la sala estaba en silencio. Salí a tomar un taxi, pasé a despedirme de La Calaca y me encaminé a la terminal de autobuses.


28 de julio, 2006


Ciudad Juárez, Chihuahua.
A tres años de mi autoexilio, esta es la primera vez que vuelvo a escribir algo en mi maltrecha libreta. Nunca olvidaré ese baño cruel de humanidad que recibí al salir de mi ambiente controlado. Aquella vez pude decidir por un hotel, pero secretamente siempre admiré a la Calaca. Quería estar con él, quería saber la mitad de lo que él sabía, pero todo lo que encontré es que se trata de un ser tan ordinario que su falta de expectativa artística lo hace excepcional. Por eso no le costaba trabajo hacer historias, porque tuvo una vida difícil. La semana entrante iré rumbo a su casa de nuevo, pero esta ocasión se debe a que recibí la invitación para su boda. Será muy memorable, más de que ahora no soy el mismo de antes. He hecho muchos amigos a lo largo y ancho del país, pero soy un cerote en la comunidad literaria. Creo que el otro día un pasquín en Internet se preguntaba donde ando, pero no me interesa mucho. Ahora escribo para mí, las hojas de este diario fueron propias y serán ceniza si yo lo decido, hasta que no tenga algo interesante que decirles a ustedes, mis queridos amigos, con quienes me contacto haciéndoles llegar una copia de esta hoja que marca el final de mi búsqueda interna. Como un Quijote, seguiré mi rumbo hasta que la muerte me trascienda y las letras hablen por mis actos.



Rúbrica:
Pedro Zúñiga.
Un ciudadano del mundo.

Monday, August 04, 2008

Por el rock.

Siempre odió vivir en un pueblo al que nunca dejaba de llamar 'un rancho pequeño'. En realidad, era difícil que la gente no se conociera porque el diseño urbano era similar a un waffle, plano, sin chiste, sumido entre sus altas montañas y sumideros, entre lo cóncavo y lo convexo. Eventualmente, estuviera en el ambiente que estuviera, terminaría conociendo a todo el mundo un día cualquiera caminando por la calle principal, que conectaba su ciudad con los dos pueblos más cercanos.

Sin embargo, había algo en ese lugar que le impedía irse del todo. Una especie de magia por sentirse parte de un papel en cualquier obra teatral no realizada, los locos del parque, amaneciendo en el quiosco frente al antiguo manicomio, a un costado de la vieja iglesia, que bebían cervezas robadas de la tienda más cercana sin ningún empacho. Los jueves en los que era posible embriagarse con 20 pesos, con agua de jamaica mezclada con caña de azúcar en aquel bar clandestino atendido por una anciana con pocos modales. La elasticidad social del pueblo permitía que la gente rompiera y comenzara amistades con una facilidad impresionante, hoy por aquí, mañana por allá, ad infinitum.

En ese sitio donde todos conocían a todos, decidió Raúl festejar sus 25 años de vida. Empezó la mañana como cualquier otra de esa temporada, con un viaje al Oxxo para comprar Doritos verdes versión chilaquil mezclado con la jarra del agua para café, acompañado de cerveza versión brava en envase de dos litros y medio. Ahí le alcanzó su amigo el Cobain, un tipo excéntrico que amaba todo lo relacionado con Nirvana, como su apodo lo indicaba, pese a que su aspecto fuera más del de un feo y desgarbado estudiante de filosofía y letras renegado que el de un amante del grunge.

-¡Pinchi Rulis, cabrón, ya estás más viejo, a güevo que tenemos que ponernos una loquera mundial hoy!, le saludó.
-Uyy claro que a güevo cank... Ahorita ando con feria que me soltó mi jefa para el cotorrero de hoy, anduvo medio castrosa pero no le hace al pedo...
-Uuuuts, cabrón, ¿ahora con qué mamada te salió?
-Pues ya sabes... lo mismo... que no tengo trabajo... "pinche huevón, mantenido, a ver si ya que estás grandecito vas a hacer algo de tu vida, blah, blah blah" -dijo Raúl con un visible tono de desgano-.
-Uuy carnal, ni en tu cumpleaños te deja en paz...
-Todavía no me perdona lo del chamaco. Cree que fue mi culpa, que yo solito lo hice.
-Aliviánate carnal, ya no es momento de pensar en eso. Total, mira, hoy te voy a invitar medio cartón porque lo digo yo.

Tras el desayuno, los dos amigos partieron a casa del Cobain a buscar más envases; siete y media caguamas después, ya eran las cuatro de la tarde y se alistaban para ir a la bodega Roja, mientras oían otra vez el "Bleech" de Nirvana. A Raúl ya le empezaba a hartar un poco oirlo durante tres meses seguidos, pero no se daba valor para increparle a su amigo sobre su mayor gusto musical, en vista de que haber perdido a sus padres hace unos años le causó una depresión cuasi fatal que logró subsanar con la música. Él pensaba que la música siempre podía salvar a la gente.

Finalmente llegaron al toquín a las seis y media, después de un toque y dos caguamas más en el camino. El pequeño detalle era que el Cobain había organizado el evento y no planeó absolutamente nada aparte de rentar el local, pues su intención era hacer una fiesta de amigos para su amigo, aunque se puso nervioso al ver que a la entrada del local había una larga fila de personas esperando entrar.

-¿Puedes creerlo? No creí que viniera tanta banda... -dijo Cobain en un tono de nerviosismo-. Creo que voy a tener que pedir que me alivianes con un favor, carnal...
-Otra vez no, no mames...
-Sólo la última, préstame la camioneta y 250 varos, te lo juro que mañana te los pago...
-Va pero es la última, la última cabrón. Ya habíamos hablado de esto, no quería tener pedos contigo por dinero. Pero no me chingues, es mi cumpleaños cabrón...
-Vas a ver que no hay pedo, me encargo de todo -le dijo a Raúl mientras subía a la camioneta-.

En menos de hora y media, Cobain consiguió las bocinas, el poder, un ampli algo tronado y medio set de batería con dos parches en muy mal estado. Ante el visible enojo de algunas de las bandas locales de black-metal que invitó, el organizador les pidió un poco de paciencia y comprensión, usando mano de algún recurso recurrente en este tipo de situaciones. El perro enfermo, me quedaron mal los del sonido, me quedó mal el del lugar, es que estaba esperando a un carnal que iba a venir por mí, es que esto, es que lo otro. Finalmente todo se arregló y las ocho bandas intentarían tocar en un lapso de dos horas a partir de las 8:00 de la noche sin intentar aburrir al público presente.

En el transcurso en el que su mejor amigo había efectuado un viaje relámpago por toda la ciudad, Raúl se encontró de manera accidental a Fabiola mientras hacía fila en el tendajón más cercano para comprar su cajetilla de Delicados. La encontró justo al dar media vuelta del mostrador:

-No has cambiado en nada, sigues fumando esos cigarros horribles -le dijo ella en tono de broma-.
-Ah... hola Faby... cómo... ¿cómo te ha ido?
-Pues mejor.
Se armó un silencio incómodo que Raúl trató de romper con una pregunta salida al paso.
-Y... ¿vienes aquí al toquín?
-Pues, ¿qué parece, Raúl?

Otro silencio aún más incómodo. Su vestimenta obviamente denotaba que ella había asistido a un concierto y no precisamente a misa. Es más, ahí es donde se dio cuenta de que traía puesta la camisa de Nightwish que le había regalado en la Navidad pasada y pensó por un momento que se había acordado de su cumpleaños sin pensar en que Fabiola era pésima para las fechas.

-Gracias por venir -le dijo-. De toda la gente que esperaba ver aquí, pues tú...
-¿Yo qué, de qué me estás hablando? Yo vine a ver a Excelsior Mortem, ahí toca Aarón ahora.
-Eh... bueno.... pues nos veremos al rato... tengo que ir adentro a ver algo.

Al salir presuroso de la tiendita, ella se dio cuenta que había olvidado el cumpleaños de Raúl, lo cual sería un motivo suficiente para pedirle disculpas en honor al año y medio que vivió con él en casa de sus suegros. Sin embargo, también habían suficientes razones para no decirle nada, porque si bien él no recordaba el día que la abofeteó, bien debía tener en mente que había un pequeño que todavía no tenía la edad suficiente para decirle "felicidades" a un padre irresponsable que nunca decidió tomar las cosas en serio.

Desde que lo conoció, ella siempre lo vio como un inmaduro, un aventurero que se quería comer al mundo, con talento para la batería y con un carisma arrollador. Veía en el a un Peter Pan moderno, un niño que se rehusaba a crecer, quien con un poco de los medios necesarios podría lograr lo que quisiera.

Al crecer un poco, cayó en la recurrente desilusión de que no era más que una persona dispuesta a vender su preciado instrumento con tal de no trabajar; pese a que puso de su parte, llegó el día en el que ya no pudo vivir con él y se llevó a su hijo sin decir adiós. Tarde o temprano sabía que lo vería de nuevo en un pueblo tan chico. A ella la ataba el dinero, pues al regresar con su papá -accionista de la distribuidora de cervezas más grande del estado- accedió a pagar todos los gastos de su nieto. Era tan bonachón el buen hombre, que a su próximo yerno también le llamaba 'hijo', pues él aseguraba que su hija siempre los elegía greñudotes.

Mientras pensaba eso, llegó por atrás Aarón, visiblemente molesto.

-Te dije que no me gusta que hables con ese pendejo -le advirtió-. No voy a responder si él me reclama algo.
-Ya te dije que él ya está superado, no hagas nada, por favor.

Una vez superado el incidente, la pareja regresó con los demás integrantes de Excelsior Mortem, quienes sostenían una discusión con el recién llegado Cobain, bañado en sudor después de bajar las bocinas y el resto del equipo, amén de las cuatro caguamas que se tomó durante el recorrido. Dos en casa de la persona del sonido -un viejo que también le vendió dos carrujos de mota-, uno más antes de llegar y otra de regreso por la batería. Su aliento era una nueva definición para 'peste de alcohol'.

Aarón se veía realmente molesto con el Cobain, porque él había arreglado esa presentación, pero también en parte porque no se enteró nunca de que la tocada sería en honor al cumpleaños de Raúl. Durante la negociación previa, evitó decir palabra alguna para no complicar la situación.

-"Miren chavos, ustedes llegaron temprano, sí, pero pues vamos a mover algunos lugares porque estaba previsto que venía una banda abridora pero va a tocar más tarde, luego hay otra que se tienen que regresar a su casa temprano porque el baterista tuvo pedos con su jefe, lo cacharon forjando la otra vez, así que pues los puse a lo último pero seguro que tocan, la gente se va a quedar porque ya tenían rato, si ellos se querían quedar a las seis de la tarde seguro que un par de horas no los molestará...", decía el Cobain en una letanía de explicaciones aceptadas por esa banda con indiferencia.

Finalmente a las 10:23 el evento empezó, cuando ya no había ni la mitad de gente.

La primera banda era del primo más pequeño del Cobain, eran tres morros con camisas de Blink-182 que tocaban covers de esa banda. Nada que ver con el black metal, lo cual causó la irritación y el odio de los asistentes ataviados con playeras de bandas nórdicas e inglesas; sin embargo, eso le era indiferente al Cobain, quien sorbía más cerveza con Raúl, escondido en la taquilla para pasar desapercibido ante la presencia constante de Fabiola y Aarón.

En un momento dado, algo irritado, Raúl le increpó al Cobain:

-Oye cabrón, no mames, no debiste invitar a la banda de ese tipo. Sabías que andaba con mi ex...
-Nel, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, ¡pérame!. En primera, ese güey toca bien chido, no tiene nada que ver con lo personal, y en segunda..
-A mí me caga su música.
-Pero es que..
-A mí me caga su música. Punto.
-La gente no parece decir lo mismo -le respondió con una mirada irónica-.
-A mí me caga su música y no debiste hacer esto, si es por meter gente pues ya te chingaste porque lo hiciste todo mal para variar. Ya te dí mi dinero, podría estar en otro lado y no, ahora voy a tener que esperar a que toquen esos pendejos para...
-No, pendejo la verga. Tú sabes que estás aquí, que sigues aquí porque está tu vieja.
-No es mi vieja, no le vuelvas a decir así.
-Sigue siendo tu vieja. No hay duda que te gusta, veo cómo la miras. Te estoy dando el mejor regalo de todos: La oportunidad de que ella regrese a tus brazos, ¿Cómo la ves, soy o no soy un carnal de verdad? Ese vato es pendejón, no va a pelarlo mucho, recuerdo cómo me decías que eras muy feliz con ella.
-Eso fue antes, ya no, no mames.
Raúl se dio la media vuelta y camino hacia atrás de la bodega. Cobain se quedó hablando solo:
-Yo sí me la echaba. Ya con chamaco o no, pero sí me la echaba.

Dos horas después apenas la tercera banda llevaba dos canciones y la tercera duraría 12 minutos, una épica progresiva inspirada en Yes y Dream Theater que en realidad sonaba como una versión b de una horrible canción de los Residents en un viaje ácido.

La molestia de los Excelsior ahora se convertía en cierto recelo porque comenzaban a caer en cuenta de que al ponerlos en último lugar, el Cobain los había chingado bien grueso. Aarón pensaba que siempre tenían que sufrir el papelón de ser la banda "que tocaba chido" pero que dejaban todos al final, pero en esta ocasión no era por su falta de decisión sino por una clara maña del organizador, lo cual tampoco era algo relativamente nuevo para él.

Al llegar la quinta banda, eran las 12:25 de la noche y apenas quedaban diez personas en aquella bodega, lo cual desmotivó a dos bandas y dejó solos a los Excelsior, quienes sugirieron a su líder y guitarra principal que acudiera a hablar con el Cobain de los términos en los que habían quedado.

Fue ahí donde empezó el problema, porque el organizador ya estaba beodo, con un hilo de baba colgando de su boca y la mirada perdida. Aarón le preguntó que si podían tocar y él les dijo que si le podían regalar una chela. Ante esa respuesta, la banda subió al escenario.

Mientras tocaba Excelsior Mortem en el escenario, Raúl (quien dejó de beber desde hace horas) se trató de acercar a Fabiola, aunque cuando le iba a tratar de hacer conversación sucedió algo arriba que llamó la atención de los presentes.

Cobain estaba frente al micrófono, profiriendo cualquier grito gutural imaginable, lo cual causó la ira de los integrantes de la banda quienes dejaron sus instrumentos para entrar a patadas sobre el improvisado y ebrio vocalista invitado.

Aarón era el primero que lo estaba machacando a puñetazos hasta que Raúl entró en su defensa. De un empujón lanzó a su rival (en todos los sentidos) fuera del escenario, e ignorando a los demás dio un salto para intentar rematarlo a patadas.

Cada golpe que le daba en el rostro, era un reclamo no realizado por cosas que él ignoraba a ciencia cierta. Ignoraba que Aarón tenía asma, por lo cual no podía pelear propiamente, por lo cual cuando empezó a toser violentamente, a las afueras del portón de la bodega, Faby entró en su defensa.

-¡Ya basta! ¿No te atreverias a pegarme otra vez, o sí? ¡Vamos, marica, inténtalo! -le decía a Raúl con un tono de rabia nunca antes visto por él.

El escuchar la palabra "otra vez" causó un estruendo en su mente. Recordó vívidamente la noche que fue un cretino y se embriagó, en la cual su mamá tuvo que intervenir, que terminó enfrentando a la policía y donde embistió con una patada a su padre, quien lo hacía entrar en razón entre los sollozos del pequeño crío de seis meses que más tarde abandonaría.

Los recuerdos ablandaron sus puños; Raúl dio media vuelta y entró al local sin cruzar palabra con los demás miembros de Excelsior, visiblemente molestos, quienes abandonaron el lugar, preocupados por su amigo.

Al final, sólo quedaron en la gran bodega Raúl y lo que quedaba del Cobain, maltrecho, entre restos de bocinas rotas y cables echados a perder por el agua.

En ese momento, Cobain dijo algo que en otra situación hubiera pasado desapercibido, pero que en la presente situación significaba la peor frase, la más desafortunada:
-"Chale carnal, ya ni modo. Hice lo que pude pero la cagaste".

Entonces Cobain recibió un empujón. Raúl cayó en cuenta que su amigo le amargó el que debía ser el día más feliz de su año, con una fiesta mal hecha y llevando a su presencia a la gente que no debía ver.

Dos minutos después, estaban los dos otrora amigos tirándose puños a media calle, aunque Raúl derribó de un certero puñetazo a su oponente, quien a modo de respuesta le reclamó:

-"Lo haces por el rock, ¿verdad? ¡Esto me lo haces por el rock! ¡Vete a la verga! ¡Por el rock!"

Raúl lo veía alejarse mientras avanzaba en su camioneta. Al llegar a casa, su padre lo estaba esperando. Fabiola había llamado por teléfono contando lo sucedido y los hechos posteriores: Aarón se encontraba grave, tosiendo sangre en un hospital privado producto de la caída que tuvo del escenario. En un acto de "justicia", el padre de Raúl decidió castigarlo. Le quitó las llaves de la camioneta y le comenzó a reclamar.

-"Eres un bueno para nada. Todo lo que haces es darme problemas y yo ya me cansé de esto. No puedo creerlo, tres veces en la cárcel, por vándalo, por traer droga, por pelear. Estoy decepcionado, no sé qué hacer contigo y tendré que pedirte que vivas en la calle. Ahora no, pero mañana a primera hora quiero tus cosas fuera, no quiero volver a verte, si eres un asesino lo resolverás por tu cuenta", le dijo en un tono firme, pero descorazonado.

Tres horas después, Raúl tomaba un aventón hacia la Ciudad de México, con nada más que 500 pesos, dos carrujos y ganas de cambiar su vida. El pueblo que lo vio nacer, que lo vio crecer, deseaba asfixiarlo hasta morir y por eso debía escapar. Nada bueno emanaría de la ruptura de su amistad, porque seguir cambiando dentro del mismo estanque significaría morir sin llegar al océano.

Necesitaba, si la situación lo requería, reivindicarse o corromperse sin involucrar a nadie a su paso. Era la oportunidad que él quería, lograr el hartazgo de su entorno y ser exiliado, un paria que no tuviese nada que perder.

Pasaron seis años.

La banda de locos que jugaba hacky sack y robaba licor en la tienda junto a la vieja iglesia para tomarlo en el parque frente al antiguo manicomio ya se había desbandado.

La señora de las cañas aguadas recibió una multa de Salubridad y más tarde perdió la casa en una maniobra legal despiadada.

La imagen de la ciudad cambió mucho, con vialidades más modernas, mejor pavimentadas y con algunos edificios más grandes donde los otrora rockeros ahora despachaban llamadas de atención desde una oficina mientras descargaban música pirata en sus tiempos libres.

Fue en una de esas casas grandes en las afueras de la ciudad donde un pequeño de nueve años recibió un sobre del cartero, el cual tenía su nombre escrito en él.

"Hijo: Yo sé que siempre desearás conocerme. No hay mucho que debas saber de mí, salvo que era una joven promesa y no fui una persona responsable cuando debí serlo. Fue por eso que me fui a donde no me conoce nadie, a hacer una nueva vida, para vivirla mejor. Yo espero que tu madre te trate bien y que haya encontrado a alguien que te trate bien. Espero que no me guardes rencor por eso, yo encontré mi verdadera vocación y regresé a la vida gracias a la música, ahora incluso soy reconocido y respetado. En un momento de mi juventud, odié tanto que tú me quitaras eso, tener que abandonar mi música cuando tú naciste fue como sentir que mi esperanza había muerto. El huir a veces nos da la oportunidad de replantear nuestra vida, no es de cobardes, hijo, si tú alguna vez en tu vida sientes ganas de hacerlo y sientes que el entorno te es adverso, es de sabios retirarse antes que consumirse lentamente, como decía un buen amigo que murió hace más de un año y al que quise mucho, fue mi compañero en una banda desde la adolescencia y entendió cuando dejé la música, pero nunca entendí que él quería regresarme a ella. Pero ya no tengo motivos para regresar allá, no es que no desee verte, pero ya hice un futuro en este lugar, regresar sólo me daría problemas y deseo que algún día cuando tengas la edad suficiente vengas a verme y podamos charlar, para que no cometas los mismos errores que yo. Si algún día quieres saber de mí, sólo manda un mensaje a una dirección electrónica que incluyo, pero mi nombre aquí es otro, si preguntas te lo enviaré. Tal vez no hoy, pero espero siempre que alguna vez tengas un minuto para darme".

La rúbrica rezaba, "Con amor, tu padre, Raúl".

El niño instintivamente cerró y se escondió la carta; oyó el timbre y abrió la puerta para recibir a su instructor de batería.

Saturday, August 02, 2008

Rayito

Todos los días sin falta, a las 5:30 de la mañana, Lupe se levantaba con un amargo sabor a café de olla en la boca. Era su cena del día anterior, junto con una rebanada de pan dulce. Esa mañana la lluvia golpeaba en el techo de lámina del pequeño jacalito donde vivía con su hija de seis años, no tenía ganas de levantarse pero sabía que lo debía hacer. Durante la siguiente hora peinó sus largas trenzas de manera metódica, casi robótica, mientras su niñita dormía plácidamente a un costado suyo. Al ver que no había más café en la olla, supo que no tenía ya nada en la bolsita para preparar un poco más y despabilarse en el "desayuno".


Finalmente, levantó a su pequeña niña, la envolvió en un gastado sarape y se la llevó a cuestas; su cuerpo era frágil pero su voluntad no, pensaba que avanzar un día más le podría dar una razón para vivir a las dos.


En la redacción del periódico el ritmo era frenético. Cientos de manos ordenaban las ediciones del día, Lupe recibió tarde su paquete de ejemplares porque no quería hacer ruido para despertar a la niña que traía a cuestas y por eso los voceadores más abusados le ganaban el lugar. Finalmente, el sustento diario: Dos paquetes con 50 ediciones cada uno.


Al ordenar los paquetes, una noticia destacaba en la página principal, hablaba de que los índices de pobreza y analfabetismo iban en picada. Ella, al no saber leer, parecía ignorante de esta situación y continuaba su tarea mecánica, no entendía cómo había gente que podía tomarse el tiempo para leer, si ella nunca conoció la forma en la que se acomodaban las letras del idioma español.


Finalmente hizo dos nudos en sus paquetes de ediciones y emprendió el viaje por el centro de Zacatecas.
El ritmo de esa mañana lluviosa era habitual para quien se acostumbra al tráfico. El cerro de la Bufa parecía una masa neblinosa y el frío calaba los huesos, pero para Lupe y su niña era normal porque nunca usaban chamarra, sólo la misma ropa, todos los días: Un vestido de tela similar al de las indígenas chiapanecas. Ella lo compró en una feria, donde a su hija le compró tres pequeñas blusas con dibujos de mala calidad alusivos a Bob Esponja.


La niñita despertó de su letargo en el hombro de su madre. Comenzó a toser copiosamente, emitiendo un ruido que despertó preocupación en Lupe, quien olvidó cobrarle el cambio al automovilista abusivo que aprovechó esta distracción para emprender la huida.

-"Ya hija, ya pasará, te voy a llevar con el doctor, ¿Qué anda mal?", le susurraba al oído.

Al ver que la situación no mejoraba un par de horas después, Lupe postergó la venta de los periódicos para tomar un autobús al hospital más cercano. Eso le afectaría porque vivían al día, el no vender la edición de El Zacatecano ese día significaría varias penurias para ponerse al corriente en su situación económica, tener para el transporte público y comprar lo menos de comida posible.

Sin embargo, llegó a la clínica del Seguro Social en la periferia de la ciudad, donde tuvo que hacer espera en una sala con mucha gente que compartía con ella sus rostros de preocupación, cada uno por un motivo diferente.

Frente a ella había una señora que tenía el rostro lleno de pústulas, quien había llevado a su abuelo a causa de un infarto cerebral y esperaba impacientemente un resultado que más tarde sabía que sería inminente.

A un lado de ella, un señor con aliento alcohólico, que a fuerzas llegó a ese lugar porque fue arrojado en un taxi por el propietario de la cantina donde se encontraba bebiendo durante 12 horas continuas; su congestión llegaba a tal grado que sólo podía mascullar unas cuantas palabras pero como no se consideraba algo grave, las autoridades médicas decidieron dejarlo ahí para evaluar su estado mientras atendían casos más prioritarios.

Lupe seguía esperando. Miraba el reloj, las 10:49 de la mañana. Sabía que volver a regresar a su punto de venta no era una opción, peor aún, pues cada voceador tenía que pagar una recuperación y tendría que gastar lo que le quedaba para regresar a casa.

Finalmente, el médico internista la atendió. Después de examinar a la pequeña, preguntó a la madre si sabía las complicaciones de una persona con asma. Ella lo ignoraba.

-"No va a estar bien porque no está en buenas condiciones. Se encuentra desnutrida y sus defensas son bajas, por lo cual debemos mandarla a observación", comentó el médico.




Lupe se rehusó a pasar la noche en el hospital y se regresó con su niña a pie hasta su casa ubicada en las afueras de Guadalupe. No quería dejarla ahí, sola, tampoco quería que un extraño la atendiera porque por su colonia habían robachicos, pensaba que en el hospital también habrían enfermeras disfrazadas de ladronas que abusarían de un descuido para vender sus órganos, como lo había visto hace días en la novela de las 4:00 de la tarde.


Esa noche estuvo terriblemente arrepentida de su decisión. Cada bramido que soltaba la pequeña era como un martillazo al corazón para ella, no pudo conciliar el sueño escuchando las dificultades para respirar de su niña.


-"Ya pequeñita, te vas a mejorar, corazón, mi vida, tú debes ser fuerte, como tu papito, él era fuerte, él nos defendió, dio su vida por nosotros, como el señor Jesucristo", le decía Lupe a su pequeñita en un tono conciliador.


Finalmente la niña respondió.


-"Mamita, me duele el pecho, no... puedo... res... pi... rar.... Duele... mu...cho...".


Esto detonó el sollozo desesperado de la madre, quien no sabía a quién acudir. Sus vecinos le generaban desconfianza, pues junto a su casa vendían cocaína, en otro hogar más vivía un alcohólico agresivo y violento, mientras que en la casa de enfrente habitaba un anciano amable, aunque poco le hubiera auxiliado pues no podía caminar.


Esa noche siguió lloviendo a raudales. La tos de la niña no cesaba y ya eran las 2:00 de la mañana. Recordó cómo se había llevado a la pequeña en sus brazos pese a las recomendaciones de los médicos e incluso un conato de enfrentamiento con el personal de seguridad, que terminó cuando los galenos ordenaron dejarla ir.


Esta vez, pensó, también vamos a salir adelante.


Su desesperación se volvió resignación cuando el agua de lluvia atravesó la lámina en un pequeño chorrito y mojó los ejemplares que debía devolver a la redacción, eran 95 periódicos y por eso ya sabía que tendría que pagar 100 pesos que ahora no tenía.

Pensó en no volver, buscar otra actividad o de plano pedir limosna.

Sin embargo sus pensamientos se acallaron cuando dejó de oir respirar a su hijita.

-"Marianela, despierta. No te duermas. No te vayas, debes ser fuerte, como tu papá, él te quería mucho, él nos defendió de los maleantes, murió por salvarnos. Pensé que no valía nada sin él, cuando lo mataron, te quería botar al río porque tenías un año y medio, no tenía la manera de ver por nosotras, no tenemos a nadie más en este mundo que a nosotras. No quiero que me abandones, no tú, mi rayito de esperanza, mi alegría de la vida. Si no es por tí, ¿qué me queda hacer en este mundo? No tengo a dónde ir, vivo para tí, para que algún día puedas salir de aquí y ser como la gente que vemos en la tele, ¿recuerdas ese día cuando compramos paletas cerca del zócalo? Vamos a comer más, sólo necesito que te mejores. Por Dios, Dios, ayúdame, no dejes que ella también se me vaya, sé que no he ido a verte a la iglesia y estás enojado conmigo pero no hagas eso, no con ella...", suplicaba entre sollozos.

-"Mamá... yo...", dijo antes de quedarse dormida para siempre. Eran las 12:59 de la madrugada cuando la pequeña había fallecido de una neumonía aguda mal diagnosticada e ignorada por su madre, por el miedo, por la indiferencia y la ignorancia pues ella siempre fue saludable. Sus papás murieron de cáncer cuando ella era joven. Su marido la conoció a los 13 años y unos 48 meses después, la desposó. Ahora, era joven, pero su último rayo de esperanza se había apagado.


Al día siguiente, el ritmo frenético en la redacción de El Zacatecano era igual que cada jueves. La gente no se volteaba a ver y pocos notaron la ausencia de Lupe, salvo el velador con miopía crónica y la cajera bien intencionada de avanzada edad que tenía muchos asuntos que atender esa mañana. Es por eso que no alcanzaron a razonar que la ausencia de ese día estaba relacionada con el encabezado que apareció en primera plana.

"Madre e Hija, Calcinadas en Incendio. Se Desconoce su Identidad".

Friday, August 01, 2008

El Mejor Ejemplo.

El otro día fui con la flota a ver Batman: The Dark Knight a Cinépolis. La película es algo larga, pero rifada, pero me abstendré de la tentación de escribir una reseña porque para eso hay un chingo de páginas donde ya la gente escribió un chingo de cosas desde semanas antes de su estreno. Por lo tanto, me limito a reiterar que está muy larga, pero rifada.

Lo que estuvo MUY culero fueron los anuncios que meten antes de la película, que hicieron que se demorara como 25 minutos, fácil. No habría tanto pedo si no fuera porque era miércoles y porque en realidad la mayoría de los anuncios publicitaban la obra del Gobierno del Estado, es increíble ver CINCO anuncios seguidos, como para restregarte en la cara su idea de un Veracruz de primer mundo. Al final, los que iban al cine terminaban hartos con tanto comercial polìticamente correcto, algunos de ellos parecen sacados del manual de José Stalin para cocowash masivo.

En fin, estaba a punto de empezar la película, y junto a mí había una butaca vacía, pero junto a esa butaca vacía había un papá que estaba siendo extorsionado por su hijo de nueve años. La conversación entre el niño berrinches era más o menos así:

Niño berrinches: Apá, quiero que me des 20 pesos más para comprar en la tienda...



Papá mandilón: Ya hijo, ya te di 50 pesos, con eso alcanza.



Niño berrinches: No apá, con eso no me alcanza pa´ nada, no puedo comprar ni madres... ¡DAME MÁS DINERO!



Papá mandilón: Cómprate con lo que te dí, para lo que te alcance, o usa de tu dinero.



Es aquí cuando viene el primer balconazo:



NB: Yaaa, que con el fajo de billetes que traes siempre contigo, ¿cómo va a ser que no puedas darme 20 pinches pesos, ya no seas codo.



PM: (hace un gesto nervioso) ... bueno, ya toma, te doy 150 y ya.



Acto seguido, Papá Mandilón se voltea y se dirige a una persona misteriosa de la fila trasera que me es imposible reconocer, pero con una voz pasada por años de whisky.



Papá Mandilón: Te juro que a veces no sé que hacer con este chamaco, me saca de quicio.



Persona misteriosa de la fila trasera que me es imposible reconocer: Ya, son cosas de la edad, luego crecen y aprenden a chingarse su propio dinero.



PM: No, fíjate que lo llevé a apostar el otro día a los gallos, ganó como 300 pesos, al principio estaba de zacatón pero lo convencí de ganar, y el cabrón ganó más que yo.



PMFTQMIR: Se ve que es cabrón el muchachito.



PM: Sí, algo, pues algo le sacó a su papá.

PMFTQMIR: Ah, que bien, entonces ya lo llevaste.

PM: Pues no está mal, algún día va a tener que aprender el valor de ese tipo de cosas, ya sabes lo que hacemos y ahorita es el único pinche chance que tengo en el día para ver al chamaco, así que su mamá chingue y chingue. Oye, sobre la reunión con JF, ¿qué te dijo Verónica?

PMFTQMIR: La tenía que haber visto ayer, se me debe haber olvidado con lo de las camionetas y la recolección... mira, ahí viene tu hijo.
Niño Berrinches entra sin chistar, tragando sendos paquetes de combo Jumbo de palomitas y refresco. Papá Mandilón (que ahora es más bien Papá Mafioso) y la persona miste-- ah, el de atrás, siguen hablando.
PMTFQMIR: ...porque ya ese abogado se nos peló, ese cabrón va a tener que pagar, pero esos hijos de la chingada van a tener que responder o te voy a tener que pagar gente para que te saque de la cárcel. Hijo, ¿tú sabes algo de abogacía penalista?
Niño Berrinches: (*munch *munch)
Papá Mafioso: Bueno, pues hay que sacar a ese cabrón de la jugada. No podemos dejar nada suelto porque nos van a trabar y luego hay que buscar a alguien para que le metan la verga, no que muy amigo del Gobernador...
PMTFQMIR: Si, pero no mames, ve que La Compañía está trabajando un chingo aquí, ¿no ves cuánta gente están agarrando? La semana pasada fueron como seis. Nadamás que pues en el periódico eso no lo vas a ver. No les conviene con tanto turismo, de todas maneras se sabe que podemos operar con las manos limpias si no nos embarramos de caca, hay que ser muy precisos en ese lado para que luego no quedemos como unos pendejos. Hay gente que ya ni sale de su casa, porque sabe que valen mucho dinero y está cabrona la cosa, hay que sacar dinero de donde sea, aparte esta semana toca pasar por el---

*******BROOOM****** (señal THX que marca el comienzo de la película)
brrrrr.... qué poca madre sentarse en un lugar así.