Monday, August 04, 2008

Por el rock.

Siempre odió vivir en un pueblo al que nunca dejaba de llamar 'un rancho pequeño'. En realidad, era difícil que la gente no se conociera porque el diseño urbano era similar a un waffle, plano, sin chiste, sumido entre sus altas montañas y sumideros, entre lo cóncavo y lo convexo. Eventualmente, estuviera en el ambiente que estuviera, terminaría conociendo a todo el mundo un día cualquiera caminando por la calle principal, que conectaba su ciudad con los dos pueblos más cercanos.

Sin embargo, había algo en ese lugar que le impedía irse del todo. Una especie de magia por sentirse parte de un papel en cualquier obra teatral no realizada, los locos del parque, amaneciendo en el quiosco frente al antiguo manicomio, a un costado de la vieja iglesia, que bebían cervezas robadas de la tienda más cercana sin ningún empacho. Los jueves en los que era posible embriagarse con 20 pesos, con agua de jamaica mezclada con caña de azúcar en aquel bar clandestino atendido por una anciana con pocos modales. La elasticidad social del pueblo permitía que la gente rompiera y comenzara amistades con una facilidad impresionante, hoy por aquí, mañana por allá, ad infinitum.

En ese sitio donde todos conocían a todos, decidió Raúl festejar sus 25 años de vida. Empezó la mañana como cualquier otra de esa temporada, con un viaje al Oxxo para comprar Doritos verdes versión chilaquil mezclado con la jarra del agua para café, acompañado de cerveza versión brava en envase de dos litros y medio. Ahí le alcanzó su amigo el Cobain, un tipo excéntrico que amaba todo lo relacionado con Nirvana, como su apodo lo indicaba, pese a que su aspecto fuera más del de un feo y desgarbado estudiante de filosofía y letras renegado que el de un amante del grunge.

-¡Pinchi Rulis, cabrón, ya estás más viejo, a güevo que tenemos que ponernos una loquera mundial hoy!, le saludó.
-Uyy claro que a güevo cank... Ahorita ando con feria que me soltó mi jefa para el cotorrero de hoy, anduvo medio castrosa pero no le hace al pedo...
-Uuuuts, cabrón, ¿ahora con qué mamada te salió?
-Pues ya sabes... lo mismo... que no tengo trabajo... "pinche huevón, mantenido, a ver si ya que estás grandecito vas a hacer algo de tu vida, blah, blah blah" -dijo Raúl con un visible tono de desgano-.
-Uuy carnal, ni en tu cumpleaños te deja en paz...
-Todavía no me perdona lo del chamaco. Cree que fue mi culpa, que yo solito lo hice.
-Aliviánate carnal, ya no es momento de pensar en eso. Total, mira, hoy te voy a invitar medio cartón porque lo digo yo.

Tras el desayuno, los dos amigos partieron a casa del Cobain a buscar más envases; siete y media caguamas después, ya eran las cuatro de la tarde y se alistaban para ir a la bodega Roja, mientras oían otra vez el "Bleech" de Nirvana. A Raúl ya le empezaba a hartar un poco oirlo durante tres meses seguidos, pero no se daba valor para increparle a su amigo sobre su mayor gusto musical, en vista de que haber perdido a sus padres hace unos años le causó una depresión cuasi fatal que logró subsanar con la música. Él pensaba que la música siempre podía salvar a la gente.

Finalmente llegaron al toquín a las seis y media, después de un toque y dos caguamas más en el camino. El pequeño detalle era que el Cobain había organizado el evento y no planeó absolutamente nada aparte de rentar el local, pues su intención era hacer una fiesta de amigos para su amigo, aunque se puso nervioso al ver que a la entrada del local había una larga fila de personas esperando entrar.

-¿Puedes creerlo? No creí que viniera tanta banda... -dijo Cobain en un tono de nerviosismo-. Creo que voy a tener que pedir que me alivianes con un favor, carnal...
-Otra vez no, no mames...
-Sólo la última, préstame la camioneta y 250 varos, te lo juro que mañana te los pago...
-Va pero es la última, la última cabrón. Ya habíamos hablado de esto, no quería tener pedos contigo por dinero. Pero no me chingues, es mi cumpleaños cabrón...
-Vas a ver que no hay pedo, me encargo de todo -le dijo a Raúl mientras subía a la camioneta-.

En menos de hora y media, Cobain consiguió las bocinas, el poder, un ampli algo tronado y medio set de batería con dos parches en muy mal estado. Ante el visible enojo de algunas de las bandas locales de black-metal que invitó, el organizador les pidió un poco de paciencia y comprensión, usando mano de algún recurso recurrente en este tipo de situaciones. El perro enfermo, me quedaron mal los del sonido, me quedó mal el del lugar, es que estaba esperando a un carnal que iba a venir por mí, es que esto, es que lo otro. Finalmente todo se arregló y las ocho bandas intentarían tocar en un lapso de dos horas a partir de las 8:00 de la noche sin intentar aburrir al público presente.

En el transcurso en el que su mejor amigo había efectuado un viaje relámpago por toda la ciudad, Raúl se encontró de manera accidental a Fabiola mientras hacía fila en el tendajón más cercano para comprar su cajetilla de Delicados. La encontró justo al dar media vuelta del mostrador:

-No has cambiado en nada, sigues fumando esos cigarros horribles -le dijo ella en tono de broma-.
-Ah... hola Faby... cómo... ¿cómo te ha ido?
-Pues mejor.
Se armó un silencio incómodo que Raúl trató de romper con una pregunta salida al paso.
-Y... ¿vienes aquí al toquín?
-Pues, ¿qué parece, Raúl?

Otro silencio aún más incómodo. Su vestimenta obviamente denotaba que ella había asistido a un concierto y no precisamente a misa. Es más, ahí es donde se dio cuenta de que traía puesta la camisa de Nightwish que le había regalado en la Navidad pasada y pensó por un momento que se había acordado de su cumpleaños sin pensar en que Fabiola era pésima para las fechas.

-Gracias por venir -le dijo-. De toda la gente que esperaba ver aquí, pues tú...
-¿Yo qué, de qué me estás hablando? Yo vine a ver a Excelsior Mortem, ahí toca Aarón ahora.
-Eh... bueno.... pues nos veremos al rato... tengo que ir adentro a ver algo.

Al salir presuroso de la tiendita, ella se dio cuenta que había olvidado el cumpleaños de Raúl, lo cual sería un motivo suficiente para pedirle disculpas en honor al año y medio que vivió con él en casa de sus suegros. Sin embargo, también habían suficientes razones para no decirle nada, porque si bien él no recordaba el día que la abofeteó, bien debía tener en mente que había un pequeño que todavía no tenía la edad suficiente para decirle "felicidades" a un padre irresponsable que nunca decidió tomar las cosas en serio.

Desde que lo conoció, ella siempre lo vio como un inmaduro, un aventurero que se quería comer al mundo, con talento para la batería y con un carisma arrollador. Veía en el a un Peter Pan moderno, un niño que se rehusaba a crecer, quien con un poco de los medios necesarios podría lograr lo que quisiera.

Al crecer un poco, cayó en la recurrente desilusión de que no era más que una persona dispuesta a vender su preciado instrumento con tal de no trabajar; pese a que puso de su parte, llegó el día en el que ya no pudo vivir con él y se llevó a su hijo sin decir adiós. Tarde o temprano sabía que lo vería de nuevo en un pueblo tan chico. A ella la ataba el dinero, pues al regresar con su papá -accionista de la distribuidora de cervezas más grande del estado- accedió a pagar todos los gastos de su nieto. Era tan bonachón el buen hombre, que a su próximo yerno también le llamaba 'hijo', pues él aseguraba que su hija siempre los elegía greñudotes.

Mientras pensaba eso, llegó por atrás Aarón, visiblemente molesto.

-Te dije que no me gusta que hables con ese pendejo -le advirtió-. No voy a responder si él me reclama algo.
-Ya te dije que él ya está superado, no hagas nada, por favor.

Una vez superado el incidente, la pareja regresó con los demás integrantes de Excelsior Mortem, quienes sostenían una discusión con el recién llegado Cobain, bañado en sudor después de bajar las bocinas y el resto del equipo, amén de las cuatro caguamas que se tomó durante el recorrido. Dos en casa de la persona del sonido -un viejo que también le vendió dos carrujos de mota-, uno más antes de llegar y otra de regreso por la batería. Su aliento era una nueva definición para 'peste de alcohol'.

Aarón se veía realmente molesto con el Cobain, porque él había arreglado esa presentación, pero también en parte porque no se enteró nunca de que la tocada sería en honor al cumpleaños de Raúl. Durante la negociación previa, evitó decir palabra alguna para no complicar la situación.

-"Miren chavos, ustedes llegaron temprano, sí, pero pues vamos a mover algunos lugares porque estaba previsto que venía una banda abridora pero va a tocar más tarde, luego hay otra que se tienen que regresar a su casa temprano porque el baterista tuvo pedos con su jefe, lo cacharon forjando la otra vez, así que pues los puse a lo último pero seguro que tocan, la gente se va a quedar porque ya tenían rato, si ellos se querían quedar a las seis de la tarde seguro que un par de horas no los molestará...", decía el Cobain en una letanía de explicaciones aceptadas por esa banda con indiferencia.

Finalmente a las 10:23 el evento empezó, cuando ya no había ni la mitad de gente.

La primera banda era del primo más pequeño del Cobain, eran tres morros con camisas de Blink-182 que tocaban covers de esa banda. Nada que ver con el black metal, lo cual causó la irritación y el odio de los asistentes ataviados con playeras de bandas nórdicas e inglesas; sin embargo, eso le era indiferente al Cobain, quien sorbía más cerveza con Raúl, escondido en la taquilla para pasar desapercibido ante la presencia constante de Fabiola y Aarón.

En un momento dado, algo irritado, Raúl le increpó al Cobain:

-Oye cabrón, no mames, no debiste invitar a la banda de ese tipo. Sabías que andaba con mi ex...
-Nel, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, pérate, ¡pérame!. En primera, ese güey toca bien chido, no tiene nada que ver con lo personal, y en segunda..
-A mí me caga su música.
-Pero es que..
-A mí me caga su música. Punto.
-La gente no parece decir lo mismo -le respondió con una mirada irónica-.
-A mí me caga su música y no debiste hacer esto, si es por meter gente pues ya te chingaste porque lo hiciste todo mal para variar. Ya te dí mi dinero, podría estar en otro lado y no, ahora voy a tener que esperar a que toquen esos pendejos para...
-No, pendejo la verga. Tú sabes que estás aquí, que sigues aquí porque está tu vieja.
-No es mi vieja, no le vuelvas a decir así.
-Sigue siendo tu vieja. No hay duda que te gusta, veo cómo la miras. Te estoy dando el mejor regalo de todos: La oportunidad de que ella regrese a tus brazos, ¿Cómo la ves, soy o no soy un carnal de verdad? Ese vato es pendejón, no va a pelarlo mucho, recuerdo cómo me decías que eras muy feliz con ella.
-Eso fue antes, ya no, no mames.
Raúl se dio la media vuelta y camino hacia atrás de la bodega. Cobain se quedó hablando solo:
-Yo sí me la echaba. Ya con chamaco o no, pero sí me la echaba.

Dos horas después apenas la tercera banda llevaba dos canciones y la tercera duraría 12 minutos, una épica progresiva inspirada en Yes y Dream Theater que en realidad sonaba como una versión b de una horrible canción de los Residents en un viaje ácido.

La molestia de los Excelsior ahora se convertía en cierto recelo porque comenzaban a caer en cuenta de que al ponerlos en último lugar, el Cobain los había chingado bien grueso. Aarón pensaba que siempre tenían que sufrir el papelón de ser la banda "que tocaba chido" pero que dejaban todos al final, pero en esta ocasión no era por su falta de decisión sino por una clara maña del organizador, lo cual tampoco era algo relativamente nuevo para él.

Al llegar la quinta banda, eran las 12:25 de la noche y apenas quedaban diez personas en aquella bodega, lo cual desmotivó a dos bandas y dejó solos a los Excelsior, quienes sugirieron a su líder y guitarra principal que acudiera a hablar con el Cobain de los términos en los que habían quedado.

Fue ahí donde empezó el problema, porque el organizador ya estaba beodo, con un hilo de baba colgando de su boca y la mirada perdida. Aarón le preguntó que si podían tocar y él les dijo que si le podían regalar una chela. Ante esa respuesta, la banda subió al escenario.

Mientras tocaba Excelsior Mortem en el escenario, Raúl (quien dejó de beber desde hace horas) se trató de acercar a Fabiola, aunque cuando le iba a tratar de hacer conversación sucedió algo arriba que llamó la atención de los presentes.

Cobain estaba frente al micrófono, profiriendo cualquier grito gutural imaginable, lo cual causó la ira de los integrantes de la banda quienes dejaron sus instrumentos para entrar a patadas sobre el improvisado y ebrio vocalista invitado.

Aarón era el primero que lo estaba machacando a puñetazos hasta que Raúl entró en su defensa. De un empujón lanzó a su rival (en todos los sentidos) fuera del escenario, e ignorando a los demás dio un salto para intentar rematarlo a patadas.

Cada golpe que le daba en el rostro, era un reclamo no realizado por cosas que él ignoraba a ciencia cierta. Ignoraba que Aarón tenía asma, por lo cual no podía pelear propiamente, por lo cual cuando empezó a toser violentamente, a las afueras del portón de la bodega, Faby entró en su defensa.

-¡Ya basta! ¿No te atreverias a pegarme otra vez, o sí? ¡Vamos, marica, inténtalo! -le decía a Raúl con un tono de rabia nunca antes visto por él.

El escuchar la palabra "otra vez" causó un estruendo en su mente. Recordó vívidamente la noche que fue un cretino y se embriagó, en la cual su mamá tuvo que intervenir, que terminó enfrentando a la policía y donde embistió con una patada a su padre, quien lo hacía entrar en razón entre los sollozos del pequeño crío de seis meses que más tarde abandonaría.

Los recuerdos ablandaron sus puños; Raúl dio media vuelta y entró al local sin cruzar palabra con los demás miembros de Excelsior, visiblemente molestos, quienes abandonaron el lugar, preocupados por su amigo.

Al final, sólo quedaron en la gran bodega Raúl y lo que quedaba del Cobain, maltrecho, entre restos de bocinas rotas y cables echados a perder por el agua.

En ese momento, Cobain dijo algo que en otra situación hubiera pasado desapercibido, pero que en la presente situación significaba la peor frase, la más desafortunada:
-"Chale carnal, ya ni modo. Hice lo que pude pero la cagaste".

Entonces Cobain recibió un empujón. Raúl cayó en cuenta que su amigo le amargó el que debía ser el día más feliz de su año, con una fiesta mal hecha y llevando a su presencia a la gente que no debía ver.

Dos minutos después, estaban los dos otrora amigos tirándose puños a media calle, aunque Raúl derribó de un certero puñetazo a su oponente, quien a modo de respuesta le reclamó:

-"Lo haces por el rock, ¿verdad? ¡Esto me lo haces por el rock! ¡Vete a la verga! ¡Por el rock!"

Raúl lo veía alejarse mientras avanzaba en su camioneta. Al llegar a casa, su padre lo estaba esperando. Fabiola había llamado por teléfono contando lo sucedido y los hechos posteriores: Aarón se encontraba grave, tosiendo sangre en un hospital privado producto de la caída que tuvo del escenario. En un acto de "justicia", el padre de Raúl decidió castigarlo. Le quitó las llaves de la camioneta y le comenzó a reclamar.

-"Eres un bueno para nada. Todo lo que haces es darme problemas y yo ya me cansé de esto. No puedo creerlo, tres veces en la cárcel, por vándalo, por traer droga, por pelear. Estoy decepcionado, no sé qué hacer contigo y tendré que pedirte que vivas en la calle. Ahora no, pero mañana a primera hora quiero tus cosas fuera, no quiero volver a verte, si eres un asesino lo resolverás por tu cuenta", le dijo en un tono firme, pero descorazonado.

Tres horas después, Raúl tomaba un aventón hacia la Ciudad de México, con nada más que 500 pesos, dos carrujos y ganas de cambiar su vida. El pueblo que lo vio nacer, que lo vio crecer, deseaba asfixiarlo hasta morir y por eso debía escapar. Nada bueno emanaría de la ruptura de su amistad, porque seguir cambiando dentro del mismo estanque significaría morir sin llegar al océano.

Necesitaba, si la situación lo requería, reivindicarse o corromperse sin involucrar a nadie a su paso. Era la oportunidad que él quería, lograr el hartazgo de su entorno y ser exiliado, un paria que no tuviese nada que perder.

Pasaron seis años.

La banda de locos que jugaba hacky sack y robaba licor en la tienda junto a la vieja iglesia para tomarlo en el parque frente al antiguo manicomio ya se había desbandado.

La señora de las cañas aguadas recibió una multa de Salubridad y más tarde perdió la casa en una maniobra legal despiadada.

La imagen de la ciudad cambió mucho, con vialidades más modernas, mejor pavimentadas y con algunos edificios más grandes donde los otrora rockeros ahora despachaban llamadas de atención desde una oficina mientras descargaban música pirata en sus tiempos libres.

Fue en una de esas casas grandes en las afueras de la ciudad donde un pequeño de nueve años recibió un sobre del cartero, el cual tenía su nombre escrito en él.

"Hijo: Yo sé que siempre desearás conocerme. No hay mucho que debas saber de mí, salvo que era una joven promesa y no fui una persona responsable cuando debí serlo. Fue por eso que me fui a donde no me conoce nadie, a hacer una nueva vida, para vivirla mejor. Yo espero que tu madre te trate bien y que haya encontrado a alguien que te trate bien. Espero que no me guardes rencor por eso, yo encontré mi verdadera vocación y regresé a la vida gracias a la música, ahora incluso soy reconocido y respetado. En un momento de mi juventud, odié tanto que tú me quitaras eso, tener que abandonar mi música cuando tú naciste fue como sentir que mi esperanza había muerto. El huir a veces nos da la oportunidad de replantear nuestra vida, no es de cobardes, hijo, si tú alguna vez en tu vida sientes ganas de hacerlo y sientes que el entorno te es adverso, es de sabios retirarse antes que consumirse lentamente, como decía un buen amigo que murió hace más de un año y al que quise mucho, fue mi compañero en una banda desde la adolescencia y entendió cuando dejé la música, pero nunca entendí que él quería regresarme a ella. Pero ya no tengo motivos para regresar allá, no es que no desee verte, pero ya hice un futuro en este lugar, regresar sólo me daría problemas y deseo que algún día cuando tengas la edad suficiente vengas a verme y podamos charlar, para que no cometas los mismos errores que yo. Si algún día quieres saber de mí, sólo manda un mensaje a una dirección electrónica que incluyo, pero mi nombre aquí es otro, si preguntas te lo enviaré. Tal vez no hoy, pero espero siempre que alguna vez tengas un minuto para darme".

La rúbrica rezaba, "Con amor, tu padre, Raúl".

El niño instintivamente cerró y se escondió la carta; oyó el timbre y abrió la puerta para recibir a su instructor de batería.

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