Algo de lo que nunca nos damos cuenta, es que debido a cómo funciona nuestro cerebro, estamos programados para que las inconveniencias menores nos afecten mucho más que las cosas importantes.
Internet es muy popular debido a que no existe ningún sentido de proporción o medición cuando de quejas se trata.
Una horrible violación a los derechos humanos podría no tener más que un par de 'likes' o retweets, pero si un videojuego popular tiene una falla menor, el programador puede ser objeto hasta de amenazas de muerte.
Esto no se debe (únicamente) a que el Internet esté lleno de trolls insanos, sino también a una falla muy básica en la que nuestros cerebros lidian con la decepción.
Pregúntate a ti mism@: ¿Qué te enojaría más... El cierre de tu cafetería o chelería favorita (ya sabes, la que hace el café/michelada exactamente como te gusta, se saben tu nombre y está muy cerca de tu casa u oficina), o perder uno de tus dedos? ¿La segunda, no? ¿Donde pierdes un PINCHE DEDO?
...
PUES NO.
Estadísticamente, es más probable que te ajustes a tu nueva realidad con nueve dedos (a Frodo no le parecía causar molestia), más rápidamente que tener que ir a otro lugar por tu frapelatte/micheclama-lo que sea.
La razón de ello, es que tu cerebro ha construido mecanismos muy efectivos para ayudarte a lidiar con la tragedia, pero no se activan hasta que la situación es necesariamente mala.
Así, que después de perder el dedo, tu mente generará todo tipo de procesos de pensamiento para ayudarte a racionalizar tu nueva situación lo antes posible ("Sí, es cierto, perdí un dedo, pero podría ser peor, pude haber perdido mi pierna, por ejemplo...").
Pero todos estos procesos vienen con un costo. Toman mucha concentración y energía, así que sólo surgen durante una emergencia verdadera, como un doctor que prescribiría Vicodin para el dolor de un dedo amputado pero no para una uña enterrada. Como resultado, la uña enterrada -la que se queda todo el tiempo-, al final resulta la que causa más dolor a la larga.
Esto significa que en tu vida diaria, las cosas insignificantes son las que te causan más dolor, angustia y molestia.
Bienvenido a la Paradoja de la Región Beta.
Para muchos de nosotros, esta es la mierda que arruina nuestras semanas, nuestros días.
Es el cajero culero que nos mira feo.
El amigo que no nos dio las gracias por el favor.
El sonido insistente que hace nuestro carro, sin importar cuántas veces lo llevamos al taller.
Nunca hacemos el trabajo pesado de racionalizar este tipo de cuestiones, porque pensamos que 'no es para tanto'.
En vez de ello, nos empeñamos en quejarnos de ello cuantas veces sea posible y con quien sea posible, y sentimos un atisbo de dolor y enojo cada vez que recordamos qué tan molesto es.
Algunos incluso van a seguir contando la anécdota del "empleado grosero" por meses, por años.
Pero esa no es la peor parte. Ahora, piensa en todas las veces en las que te ha tocado ser esa uña enterrada. Esa broma pesada que le jugaste a alguien en el 2009, y que hasta la fecha te sigue sacando a colación esa persona cada vez que se puede. "¿Porqué no pueden dejarlo ir? ¡No es para tanto!". Bueno, pues aplica lo mismo: Si hubiera sido una ofensa muy dura, hubieran tenido que hacer el extenuante trabajo mental de racionalizar el hecho y por ende, perdonarte. Como "no es para tanto", en vez de ello, van a seguir rumiando ese incidente hasta que de ser posible, lo puedan incluir en tu obituario.
No comments:
Post a Comment