Thursday, December 02, 2004

I´ll be back when I´m gone

Ha llegado diciembre, y he caido en cuenta que no he actualizado mi blog en mucho tiempo, tal vez unos quince días. A veces no tengo realmente tiempo para escribir tan seguido como quisiera, y sé que mis dos lectores lo entenderán (¡Hola, Almazán!). De todas formas, no abrí un blog para actualizarlo a diario, si quisiera algo que necesitara atención diaria, compraría un Tamagochi.

Y bueno, vendrán cosas mejores. Eso sí, que mal o bien seguiré actualizando.

Hace unos días estuvieron acá en el puerto los AXPI, una banda chilanga que mezcla estilos trash estilo Iron Maiden o Metallica. Sin llegar a sonar a una copia de los grupos antes citados, más bien desarrollan un estilo que en México no es muy común, y pasan muy alto del listón.

Denles una oportunidad y chequen este link a sus canciones. Si estuvieron en Veracruz y no los pudieron ver, estén atentos la próxima vez. No se van a arrepentir (si les gusta Zoe, bueno, supongo que no les gustará mucho).
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He notado que cada vez que voy a una tienda de discos, hay menos novedades, a excepción de los grandes vendedores (esos que llegan de volón a los stands para oir), que garantizan unos cuantos años de venta segura sólo por su nombre, aunque saquen muchas guarradas. De otra manera, acaban siendo rematados o precios sumamente ridículos (el nuevo de Moonspell cuesta 350 varos, por ejemplo). Si te gusta mucho el disco, probablemente te valga verga todo y lo juntas y te lo compras. No es lo mismo tener, por ejemplo, el Fragile de Nine Inch Nails en mp3, y quemarlo, almacenarlo en un disco duro o meterlo en una Ipod (dependiendo de los artefactos que tengas), comparado a tener el disco original, con todo el concepto que encierra el disco, el arte de portada y demás. El artista, de todos modos, termina recibiendo una parte muy pequeña del pastel (si el disco le sale en 200 pesos a usté, Trent Reznor recibe 2 pesitos de cada cd), así que es el valor artesanal lo que hace a un buen disco diferenciarse de uno pirateable o rippeable. Si tiene extras, mejor, pues ya así tener una versión pirata o una copia virtual nunca se comparará a adquirir el disco (de hecho, así es como muchos nuevos discos se salvan de estar en la cubeta de las ofertas).
Y es que la neta, en un país como el nuestro, el ser pirata rifa. A veces es gratificante saber cuantas rabietas te ahorraste invirtiendo unos pesitos en un disco mierdero que pudiste haber desperdiciado en un gran almacén. Las leyendas de "La piratería es un delito" impresas en las carátulas de los Cd´s, y esas linduras son similares a los anuncios que ponen en los cigarros, de que fumar te da cáncer, pero de todas formas ya compraste la cajetilla y por eso estás leyendo la leyendita (cuando lo piensas bien, es un poco bizarro también).
Aparte, la piratería apoya al artista. Piensen ustedes, mis desconocidos lectores: ¿Qué hubiera sido de gente como La Cripta, el "nieve de coco", El General, Pilar Montenegro, La factoría y Oscar Lobo? Tal vez, seguirían vendiendo fritangas o manteniendo cabarets. Pero gracias a la conjunción de muchos mercados (El mercado Hidalgo y el Malibrán acá en Veracruz son dos de estos mercados) estos artistas pueden ser contratados y cobrar rockstaridades por presentarse en la ranchería más recóndita, a sabiendas de que el lleno es garantizado dado que han vendido más de tres mil copias gracias al trabajo de Don Barba Azul Records en la ranchería de su preferencia.
De otra manera no me explicaría como es que Belinda puede llenar el Expover. Todos los chamacos que fueron a verla tienen, de seguro, su disco (y créanme, eran un chingo, pasé por ahí afuera el día del concierto y cerraron la calle). Pero dudo que ni siquiera la mitad lo haya comprado en Mix Up, Discos Tere, Discos Gypsy o de plano en Chedrahui. Sus papás seguramente están más ocupados pensando cómo comprarle zapatos nuevos al mocoso, o en lo que comerán la semana que entra. El disco es un caprichito que se puede dar mucha gente entre la compra del cilantro y las tortillas, del sobradito de la morrallita que (lamentablemente) termina haciendo falta al final de la semana.
Entonces, convenientemente y de la manera optimista afirmo que no hay solución, pero que tampoco podría llamarle un problema a eso del piratear. La solución utopica residiría en que las discográficas se aliaran con los piratas, y ofrecieran productos más baratos en más lugares, pudiendo así financiar a los piratas y enderezarlos. Tal vez con un poco de tinta menos, y un libreto menos vistoso, pero más al alcance del tercer mundo (que es en donde estamos, a pesar de lo que diga Ferriz Bocón). Así tendríamos la versión barata y la versión cara (quien quiere Delicados, pues compra Delicados, y si le alcanza para Malboro, pues se da el gusto).
Por el lado del MP3, bueno, la neta siempre será un pelín mejor tener el disco que realmente quieras escuchar, por calidad de audio. Y pues la música que se baja en MP3 muchas veces tiene una tilde de conocimiento, pues uno descubre mucha música que sería prácticamente imposible de descubrir por otros medios ni en otras condiciones. Quien se baja los álbumes y todo eso, no sería un pirata, más bien podría llamarlo melómano. Ya a su criterio queda, después de tanto disco bajarlo, cual comprar merecidamente.
De todas formas, los que tienen el varo se lo gastan en pendejadas. Como los que van al Mirador con un equipo de audio para carro de 25 mil varos, y acaban dándo lástima cuando quieren impresionar con su kit al ritmo del último disco (original) de Luis Miguel (artista que debería ser pirateado a perpetuidad, por intentar comer siempre de la mano de otros).
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DICTADURA MUSICAL - Pi L.T. - Runaway.mp3 (link expirado)

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