Aunque muchos tratan siempre de evitarlo, todas las cosas siempre acaban pudriéndose, lentamente, en un estado de degradación, desgaste y descomposición. Vivimos en el país de no pasa nada, donde si algo pasa pasa mañana y si llega el mañana nunca llega. El grado es tal que el mal olor ya no sólo se oye, se lee, se escucha. En la ignominia cómoda de la arrogancia y en la soberbia del control. A veces parece que la agenda gira como un libro de Orwell, que si el chocolate aumentó tanto, que si la producción disminuyó tatata. A fin de cuentas, en el mismo día se da la oportunidad, con un poco de suerte, de estar en un funeral, una inauguración y un bautizo. El trabajo del ilusionista es siempre medir que tanto puede aguantar la línea azul entre lo real y lo mostrado como real. Algunos creen tener la razón, y otros, arrogantes idiotas, tachan sin juzgar a quienes dicen o se ven diferentes como idiotas, mediocres, iniciados. Afortunadamente la realidad siempre es una y la apatía no siempre aguanta, a ver cuánto más se tensa la cuerda sin que se rompa. Ojalá, sobre todo, que no falte poco.
A veces, parece no haber futuro, pero también parece que a nadie le importa.
Thursday, November 09, 2006
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