Tuesday, June 26, 2007

Masacre en Paso de Ovejas

Castigador por la herencia de su padre... (Malón)

El día levantaba bien. Gregorio se tomó un café, y miraba el aburrido
paisaje del traspatio en su casa de Paso de Ovejas, Veracruz. Olía a
caca de vaca, el calor hacía que la ropa se pegara a pesar de que
fueran las ocho de la mañana y el sol todavía no diera con toda su
impiedad.

Se acercó a donde estaba su esposa, quien preparaba huevos revueltos
con jamón. Al parecer, conocía la manía de Gregorio por no hacer
tronar el aceite, por lo cual movía la sartén con sigilo, pero la
respiración de su esporo la puso nerviosa y su mano comenzó a temblar,
por lo que el aceite chillaba como una olla exprés. Sólo la quemadura
de aceite rompió con la tensión de la mujer, quien escuchó una voz
familiar en el oído.

-"Puta..." -le susurró Gregorio al oído.

Acto seguido, sintió algo cálido dentro de ella. El cuchillo cebollero
penetró entre su esófago y su pulmón, por lo cual el grito de dolor
que intentaba dar terminó siendo un alarido sin tanta fuerza, pero que
aun así despertó a sus tres pequeñas hijas.

El hombre asestaba severas puñaladas a su mujer, quien dejó caer la
sartén. La mayor de sus hijas, tomó su brazo con una mirada incrédula,
como de alguien que despierta de un mal sueño para caer en uno peor.

-"¡Suelta a mi mamá!", gritaba la menor. "No le hagas daño, por favor..."

Los sollozos de la niña también fueron acallados con una puñalada,
mientras ella veía la mirada sin vida de su madre, tendida en el
suelo. Gregorio tomó por el brazo a otra de sus hijas y le rebanó el
brazo.

Sin saber lo que pasaba, la más chica de las hijas veía morir a sus
hermanas. Saltó sobre el cuerpo inerte de su madre y al llegar a la
puerta, gritando, casi por instinto, recibió un navajazo de su padre,
quien no tenía la mirada de todos los días.

Por el traspatio de la ranchería, Gregorio persiguió a su pequeña hija
de tres años, quien gritaba desesperadamente pidiendo ayuda, hasta que
un campesino la recogió y dió aviso a la policía local.

Al ser detenido y rendir declaración preparatoria ante el Ministerio
Público en el lugar de los hechos, Gregorio dijo que había seguido una
orden divina. Según él, Jehová le pidió en un sueño ultimar a su
familia, para obtener el perdón eterno y la purificación de sus almas
en un plano superior al terrenal. No mostraba señales de
arrepentimiento. Escuchaba a su voz interna, platicando con él, tal
vez congratulándole por lo hecho, tal vez recordando cómo se levantó
aquella mañana en Paso de Ovejas.

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