De pronto se levantó, en un súbito intento de recuperar la cordura. Se incorporó y comenzó a caminar lentamente hacia la cocina. Sentía que ahí acostada, el aburrimiento le mataba las neuronas lentamente. Practicaba vocalizaciones equívocas de un grupo barato de pop, a la vez que abría el refrigerador.
Había jamón, queso manchego, una lata de chiles, aceitunas en conserva, pepinillos, lechuga, col, tomate y un pedazo mal cortado de cebolla.
Tomó la cebolla y la partió. El pedazo aún utilizable fue echado a la basura. Sobre un pedazo de pan puso una capa de jamón, dos de queso, lechuga, col, dos rebanadas de chile, un par de pepinillos, los dos espíritus de rebanadas de cebollas y una aceituna atravesada por un palillo, a través de la parte superior del sandwich.
Guardó todo, puso su merienda sobre un pequeño plato, y de pronto, vió su foto en el periódico de
ayer que había dejado sobre la mesa de la cocina.
De pronto, sus ojos se horrorizaron: Veía sus piernas achonchadas, blancas, asomándose por aquella minifalda. Sus bíceps colgaban tímidamente de sus brazos que saludaban a la cámara.
Su piel era pálida, ella era bella, y estaba en la primera plana de ayer domingo. Pero sin embargo, ella se sintió fea. Miró a todos lados y se volvió a sentir sola.
Tomó el sandwich que acababa de hacer, y se lo dió en un plato a Papu, su poddle gris. El animal devoró inmediatamente lo que su ama le había regalado.
Luego, Renata se sentó en la sala. Meditaba, lo negaba, mientras encendía nerviosamente un cigarrillo. "Así se me irá el hambre un rato", pensaba.
Al final, tomó dos vasos de agua, lloró y siguió viendo televisión en su cuarto.
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Si estás leyendo este blog, era porque de algún modo yo quería que tu lo leyeras.
Friday, September 29, 2006
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